lunes, 20 de abril de 2009

Doctores de la Iglesia: Santo Tomás de Aquino




Vamos a empezar a conocer un poco sobre los Doctores de la Iglesia. En este primer texto, encontramos resumida la vida de Santo Tomás de Aquino.

Nació en Roccasecca, cerca de Aquino, Nápoles.  El hijo menor de 12 hijos del Conde Landulf de Aquino.  Sus primeros estudios fueron con los benedictinos en Montecassino, cerca del castillo de sus padres.

Continúa por cinco años en la Universidad de Nápoles.  Allí supera a todos sus compañeros y se demuestra su portentosa inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos (comunidad recién fundada) y entra con ellos pero su familia se opone.Trata de huir hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos, loapresan en el castillo de Rocaseca por dos años.  Aprovecha el tiempo en la cárcel estudiando la Biblia y la teología.

Los hermanos, al ver que no logran convencerle contra su vocación, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar. Tomás la confronta con un tizón encendido y la amenaza con quemarle el rostro si se atreve a acercársele.  La mujer huyó espantada.

Después de su liberación, Tomas fue enviado a Colonia, Alemania, donde estudió bajo el Padre Dominico San Alberto Magno
.  Los compañeros al, ver a Tomás tan robusto y silencioso, lo tomaron por tonto, por lo que le pusieron como apodo: "El buey mudo". Pero un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a San Alberto. Al leerlos, este les dijo a los estudiantes: "Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero".  Mas aun que su sabiduría destacaba su devoción. Pasaba horas en oración y tenía un profundo amor a la Eucaristía.

Recibió el doctorado de teología en la Universidad de París  y a los 27 años es maestro en París (1252-1260). En 1259 el Papa lo llama a Italia donde por siete años recorre el país predicando y enseñando. En Orvieto (1261-1264), en Roma (1265-1267), en Viterbo (1268), en París (1269-1271) y en Nápoles (1272-1274). Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. En una ocasión, en la Universidad se traba una discusión acerca de la Eucaristía. Al no lograr ponerse de acuerdo, ambos bandos aceptan recurrir a Tomás para que diga la última palabra. Loque él dice es aceptado por todos.

En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra maestra de 14 tomos. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica todas las enseñanzas católicas. La importancia de esta obra es enorme. El Concilio de Trento contaba con tres libros de consulta principal: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Santo Tomás logró introducir la filosofía de Aristóteles en las universidades.

Su humildad: Según el santo, el aprendió más arrodillándose delante del crucifijo que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio.  Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con gran respeto y total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente. Su lema en el trato era: "Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros".

Amor a la Eucaristía
El Papa le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta 
Corpus Christi. Así compuso el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros cantos Eucarísticos clásicos.

Habiendo escrito Tomás bellos tratados acerca de Jesús Eucarístico, Jesús le dijo en visión: "Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?".  Respondió Tomás: "Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: "Dios te salve María". Compuso un tratado acerca del Ave María.

Final 
El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero enfermó cerca de Roma y lo recibieron en el monasterio cisterciense de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente".  Allí 
murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años. Sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero, fecha en la que se celebra su fiesta.

Canonizado en 1323, declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y patrón de las universidades católicas y centros de estudio en 1880.

Les paso un vinculo para acceder a la Suma Teológica: 
http://www.dominicos.org/biblioteca/sumapaco/default.htm

Fuente: Corazones.org



jueves, 16 de abril de 2009

Legitima defensa: derecho y deber





Ante tanta impunidad y desinterés del estado, la justicia y los políticos por defender a los ciudadanos nos hacemos la pregunta inevitable: ¿Hasta donde me puedo defender?

I El respeto de la vida humana

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: ‘¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano’ (Gn 4, 10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:

Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre... Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre (Gn 9, 5-6).

El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: ‘No quites la vida del inocente y justo’ (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: ‘No matarás’ (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52).

La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ‘La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita... y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.”

2266 La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos análogos quienes poseen la autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo.

Las penas tienen como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, tiene un valor de expiación. La pena tiene como efecto, además, preservar el orden público y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene también un valor medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

2267 Si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, en tal caso la autoridad se limitará a emplear sólo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

Fuente: Catecismo Iglesia Católica

miércoles, 15 de abril de 2009

El pecado original en la enseñanza de San Pablo




Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy trataremos sobre las relaciones entre Adán y Cristo, delineadas por san Pablo en la conocida página de la carta a los Romanos (Rm 5, 12-21), en la que entrega a la Iglesia las líneas esenciales de la doctrina sobre el pecado original. En verdad, ya en la primeracarta a los Corintios, tratando sobre la fe en la resurrección, san Pablo había introducido la confrontación entre el primer padre y Cristo: "Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. (...) Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida" (1 Co 15, 22.45). Con Rm 5, 12-21 la confrontación entre Cristo y Adán se hace más articulada e iluminadora: san Pablo recorre la historia de la salvación desde Adán hasta la Ley y desde esta hasta Cristo. En el centro de la escena no se encuentra Adán, con las consecuencias del pecado sobre la humanidad, sino Jesucristo y la gracia que, mediante él, ha sido derramada abundantemente sobre la humanidad. La repetición del "mucho más" referido a Cristo subraya cómo el don recibido en él sobrepasa con mucho al pecado de Adán y sus consecuencias sobre la humanidad, hasta el punto de que san Pablo puede llegar a la conclusión: "Pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rm 5, 20). Por tanto, la confrontación que san Pablo traza entre Adán y Cristo pone de manifiesto la inferioridad del primer hombre respecto a la superioridad del segundo.

Por otro lado, para poner de relieve el inconmensurable don de la gracia, en Cristo, san Pablo alude al pecado de Adán: se podría decir que, si no hubiera sido para demostrar la centralidad de la gracia, él no se habría entretenido en hablar del pecado que "a causa de un solo hombre entró en el mundo y, con el pecado, la muerte" (Rm 5, 12). Por eso, si en la fe de la Iglesia ha madurado la conciencia del dogma del pecado original, es porque este está inseparablemente vinculado a otro dogma, el de la salvación y la libertad en Cristo. Como consecuencia, nunca deberíamos tratar sobre el pecado de Adán y de la humanidad separándolos del contexto de la salvación, es decir, sin situarlos en el horizonte de la justificación en Cristo.

Pero, como hombres de hoy, debemos preguntarnos: ¿Qué es el pecado original? ¿Qué enseña san Pablo? ¿Qué enseña la Iglesia? ¿Es sostenible también hoy esta doctrina? Muchos piensan que, a la luz de la historia de la evolución, no habría ya lugar para la doctrina de un primer pecado, que después se difundiría en toda la historia de la humanidad. Y, en consecuencia, también la cuestión de la Redención y del Redentor perdería su fundamento. Por tanto: ¿existe el pecado original o no?

Para poder responder debemos distinguir dos aspectos de la doctrina sobre el pecado original. Existe un aspecto empírico, es decir, una realidad concreta, visible —yo diría, tangible— para todos; y un aspecto misterioso, que concierne al fundamento ontológico de este hecho. El dato empírico es que existe una contradicción en nuestro ser. Por una parte, todo hombre sabe que debe hacer el bien e íntimamente también lo quiere hacer. Pero, al mismo tiempo, siente otro impulso a hacer lo contrario, a seguir el camino del egoísmo, de la violencia, a hacer sólo lo que le agrada, aun sabiendo que así actúa contra el bien, contra Dios y contra el prójimo.

San Pablo en su carta a los Romanos expresó esta contradicción en nuestro ser con estas palabras: "Querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero" (Rm 7, 18-19). Esta contradicción interior de nuestro ser no es una teoría. Cada uno de nosotros la experimenta todos los días. Y sobre todo vemos siempre cómo en torno a nosotros prevalece esta segunda voluntad. Basta pensar en las noticias diarias sobre injusticias, violencia, mentira, lujuria. Lo vemos cada día: es un hecho.

Como consecuencia de este poder del mal en nuestra alma, se ha desarrollado en la historia un río sucio, que envenena la geografía de la historia humana. El gran pensador francés Blaise Pascal habló de una "segunda naturaleza", que se superpone a nuestra naturaleza originaria, buena. Esta "segunda naturaleza" nos presenta el mal como algo normal para el hombre. Así también la típica expresión "esto es humano" tiene un doble significado. "Esto es humano" puede querer decir: este hombre es bueno, realmente actúa como debería actuar un hombre. Pero "esto es humano" puede también querer decir algo falso: el mal es normal, es humano. El mal parece haberse convertido en una segunda naturaleza. Esta contradicción del ser humano, de nuestra historia, debe provocar, y provoca también hoy, el deseo de redención. En realidad, el deseo de que el mundo cambie y la promesa de que se creará un mundo de justicia, de paz y de bien, está presente en todas partes: por ejemplo, en la política todos hablan de la necesidad de cambiar el mundo, de crear un mundo más justo. Y precisamente esto es expresión del deseo de que haya una liberación de la contradicción que experimentamos en nosotros mismos.

Por tanto, el hecho del poder del mal en el corazón humano y en la historia humana es innegable. La cuestión es: ¿Cómo se explica este mal? En la historia del pensamiento, prescindiendo de la fe cristiana, existe un modelo principal de explicación, con algunas variaciones. Este modelo dice: el ser mismo es contradictorio, lleva en sí tanto el bien como el mal. En la antigüedad esta idea implicaba la opinión de que existían dos principios igualmente originarios: un principio bueno y un principio malo. Este dualismo sería insuperable: los dos principios están al mismo nivel, y por ello existirá siempre, desde el origen del ser, esta contradicción. Así pues, la contradicción de nuestro ser reflejaría sólo la contrariedad de los dos principios divinos, por decirlo así.

En la versión evolucionista, atea, del mundo vuelve de un modo nuevo esa misma visión. Aunque, en esa concepción, la visión del ser es monista, se supone que el ser como tal desde el principio lleva en sí el bien y el mal. El ser mismo no es simplemente bueno, sino abierto al bien y al mal. El mal es tan originario como el bien. Y la historia humana desarrollaría solamente el modelo ya presente en toda la evolución precedente. Lo que los cristianos llaman pecado original sólo sería en realidad el carácter mixto del ser, una mezcla de bien y de mal que, según esta teoría, pertenecería a la naturaleza misma del ser. En el fondo, es una visión desesperada: si es así, el mal es invencible. Al final sólo cuenta el propio interés. Y todo progreso habría que pagarlo necesariamente con un río de mal, y quien quisiera servir al progreso debería aceptar pagar este precio. La política, en el fondo, está planteada sobre estas premisas, y vemos sus efectos. Este pensamiento moderno, al final, sólo puede crear tristeza y cinismo.

Así, preguntamos de nuevo: ¿Qué dice la fe, atestiguada por san Pablo? Como primer punto, la fe confirma el hecho de la competición entre ambas naturalezas, el hecho de este mal cuya sombra pesa sobre toda la creación. Hemos escuchado el capítulo 7 de la carta a los Romanos, pero podríamos añadir el capítulo 8. El mal existe, sencillamente. Como explicación, en contraste con los dualismos y los monismos que hemos considerado brevemente y que nos han parecido desoladores, la fe nos dice: existen dos misterios de luz y un misterio de noche, que sin embargo está rodeado por los misterios de luz. El primer misterio de luz es este: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y uno malo, sino que hay un solo principio, el Dios creador, y este principio es bueno, sólo bueno, sin sombra de mal. Por eso, tampoco el ser es una mezcla de bien y de mal; el ser como tal es bueno y por eso es un bien existir, es un bien vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: sólo hay una fuente buena, el Creador. Así pues, vivir es un bien; ser hombre, mujer, es algo bueno; la vida es un bien. Después sigue un misterio de oscuridad, de noche. El mal no viene de la fuente del ser mismo, no es igualmente originario. El mal viene de una libertad creada, de una libertad que abusa.

¿Cómo ha sido posible, cómo ha sucedido? Esto permanece oscuro. El mal no es lógico. Sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece misterioso. Se lo representa con grandes imágenes, como lo hace el capítulo 3 del Génesis, con la visión de los dos árboles, de la serpiente, del hombre pecador. Una gran imagen que nos hace adivinar, pero que no puede explicar lo que es en sí mismo ilógico. Podemos adivinar, no explicar; ni siquiera podemos narrarlo como un hecho junto a otro, porque es una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche.

Pero se le añade inmediatamente un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios con su luz es más fuerte. Por eso, el mal puede ser superado. Por eso la criatura, el hombre, es curable. Las visiones dualistas, incluido el monismo del evolucionismo, no pueden decir que el hombre es curable; pero si el mal procede sólo de una fuente subordinada, es cierto que el hombre puede curarse. Y el libro de la Sabiduría dice: "Las criaturas del mundo son saludables" (Sb 1, 14).

Y finalmente, como último punto, el hombre no sólo se puede curar, de hecho está curado. Dios ha introducido la curación. Ha entrado personalmente en la historia. A la permanente fuente del mal ha opuesto una fuente de puro bien. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río sucio del mal un río de luz. Y este río está presente en la historia: son los santos, los grandes santos, pero también los santos humildes, los simples fieles. El río de luz que procede de Cristo está presente, es poderoso.

Hermanos y hermanas, es tiempo de Adviento. En el lenguaje de la Iglesia la palabra Adviento tiene dos significados: presencia y espera. Presencia: la luz está presente, Cristo es el nuevo Adán, está con nosotros y en medio de nosotros. Ya brilla la luz y debemos abrir los ojos del corazón para verla, para introducirnos en el río de la luz. Sobre todo, debemos agradecer el hecho de que Dios mismo ha entrado en la historia como nueva fuente de bien. Pero Adviento quiere decir también espera. La noche oscura del mal es aún fuerte. Por ello rezamos en Adviento con el antiguo pueblo de Dios: "Rorate caeli desuper". Y oramos con insistencia: Ven Jesús; ven, da fuerza a la luz y al bien; ven a donde domina la mentira, la ignorancia de Dios, la violencia, la injusticia; ven, Señor Jesús, da fuerza al bien en el mundo y ayúdanos a ser portadores de tu luz, agentes de paz, testigos de la verdad. ¡Ven, Señor Jesús!

domingo, 12 de abril de 2009

Feliz Pascua!



Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

viernes, 10 de abril de 2009

Viernes Santo


No dudes del perdón, pues, por grandes que sean tus culpas, la magnitud de su misericordia perdonará, sin duda, la enormidad de tus muchos pecados (San Jerónimo)

Dios no se escandaliza de los hombres. Dios no se cansa de  nuestras infidelidades. Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a El, cuando se arrepiente y pide perdón (San José María Escrivá de Balaguer).

La omnipotencia de Dios se manifiesta, sobre todo, en el  hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera de demostrar que Dios tiene el poder supremo es perdonar libremente (Santo Tomás, Suma Teológica).

La Santa Iglesia es comparada a una red de pescar.  Congrega toda clase de peces, porque brinda el perdón de los pecados a los sabios e ignorantes, a los libres y a los esclavos, a los ricos y a los pobres, a los fuertes y a los débiles (San Gregorio Magno).

Con su Pasión, Nuestro Señor nos libró de los pecados casualmente, es decir, instituyendo un procedimiento para liberarnos de nuestras miserias. Algo asi como si un médico preparase una medicina con la que pueden curarse todas las enfermedades (Santo Tomás, Suma Teológica).

jueves, 9 de abril de 2009

Jueves Santo: Servicio, Entrega y Comunión.




Cada Jueves Santo, Jesús, el Cristo, nos renueva su enseñanza más perfecta: el servicio a nuestros hermanos.

No es causalidad que haya guardado semejante gesto como comienzo de la primera Eucaristía. Dentro del cenáculo, cada momento es particular, pero el todo es lo significativo. No podemos separar el lavado de los pies de la consagración. No podemos separar la consagración de la comunión.

Igual que en la primera misa, como cristianos, no podemos separar nuestro servicio permanente y desinteresado a nuestros hermanos, con la Vida Eterna que nos comparte Jesús en la Eucaristía (su Pasión, Muerte y Resurrección). Tampoco después de compartir el mismo Pan y el mismo Vino debemos separarnos de nuestros hermanos en la fe. Eso es comunión permanecer unidos con el Señor y con los hermanos a pesar de las grandes diferencias que puedan haber. Todo el Triduo Pascual va a estar marcado por esa trilogía perfecta: servicio-entrega-comunión.

Que esta semana santa no regale el entendimiento para comprender que sin servicio, sin entrega y sin comunión nos separamos de la Iglesia y nos separamos de Jesús. Solo dentro de la Iglesia estamos en plena comunión con Cristo.

La Paz del Crucificado sea con Ustedes.

miércoles, 8 de abril de 2009

Via Crucis cotidiano para los cristianos de India




Monseñor Thomas Menamparampil, salesiano, arzobispo de Guwahati (India), fue encargado de preparar este año las meditaciones del Vía Crucis que el Papa presidirá la noche del Viernes Santo, 10 de abril, en el Coliseo de Roma.

     Monseñor Menamparampil ofrecerá unas reflexiones sobre el tema del maligno en el mundo, el dolor y los distintos tipos de sufrimiento, que son, escribe, un "símbolo de la presencia de la Cruz de Cristo en nuestra vida". En este contexto, se referirá al sufrimiento de los cristianos perseguidos en la India y también en otros países, así como a la violencia que destroza grupos étnicos y religiosos y a los conflictos desatados por intereses económicos.

     Por segundo año consecutivo, el Papa desea dirigir la atención al continente asiático. Las persecuciones que sufre la Iglesia católica en diversos lugares del mundo fueron el tema central de las meditaciones del Via Crucis de 2008, compuestas por el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, también salesiano, obispo de Hong Kong.

     Monseñor Menamparampil señaló que su elección para escribir las meditaciones del Via Crucis que Benedicto XVI presidirá este Viernes Santo en el Coliseo de Roma expresa "la cercanía del Santo Padre a la comunidad cristiana en la India, víctima de agresiones por el único motivo de profesar la fe en Cristo, y todavía presa de la tensión y el miedo".

     "Me he dedicado a la reflexión personal para llevar a cabo este encargo tan precioso en unos dos meses, mientras desarrollaba las intensas actividades de evangelización y formación en el territorio de la diócesis y fuera", relata el Arzobispo.

     En una entrevista concedida a la agencia vaticana Fides, el Prelado comenta que "a menudo me encontraba en aldeas aisladas, sin estructuras y sin corriente eléctrica. A veces he escrito notas en unas hojas, durante la noche. He intentando sumergirme en la persona de Jesús y, mientras viajaba a causa del trabajo pastoral, he palpado personalmente la agonía de la humanidad de hoy, viendo tantas personas sufrir por enfermedades, hambre, miseria".

     En estos tiempos difíciles, prosigue, "he tratado de dejarme conducir por la esperanza: a pesar de las trágicas situaciones que encontramos, como cristianos estamos llamados a compartir la esperanza con los débiles y los que sufren. Ésta es nuestra misión".

     Además, "he buscado ver el problema del mal, que es parte del combate espiritual de todo cristiano, yo mismo incluido. He tratado de dar respuesta a la pregunta: ¿por qué sufren los inocentes? Y he dirigido la mirada a la Cruz, al Cristo inocente que sufrió por nosotros".

     Monseñor Menamparampil explicó también que en estas meditaciones utilizó algunos elementos de la cultura india, como el concepto de "ahimsa", que es mucho más profundo que el de la "no-violencia", y que expresa el modo en que Cristo afrontó y sufrió su Pasión, con serenidad y fuerza de ánimo; además del de la armonía y la "convivencia de las diferencias", recordando la presencia los cristianos allí donde son minorías.

Fuente: AICA

martes, 7 de abril de 2009

Alma de Cristo




Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti. 
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.


Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Iesu, exaudi me.
Intra tua vulnera absconde me.
Ne permittas me separari a te.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me.
Et iube me venire ad te,
Ut cum Sanctis tuis laudem te
in saecula saeculorum.

Amen.


Alma de Cristo Cantada

lunes, 6 de abril de 2009

El Papa Benedicto XVI celebró el Domingo de Ramos


El Papa Benedicto XVI celebró el Domingo de Ramos ayer domingo 5 de abril en Roma.Antes de la misa, Benedicto XVI bendijo las palmas y los ramos de olivo en el obelisco de la plaza y posteriormente se dirigió en procesión hasta el altar.

     En la homilía, el Santo Padre comentó que Cristo, con su muerte en la cruz, mostró "la ley fundamental de la existencia humana: "El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna".

     "Quien quiere quedarse su vida para sí, vivir sólo para sí mismo, disfrutar de todas las posibilidades  -éste pierde la vida. Ésta se convierte en aburrida y vacía. Sólo en el abandono de sí mismos, sólo en el don desinteresado del yo a favor del tú, sólo en el "sí" a la vida más grande, propia de Dios, también nuestra vida llega a ser amplia y grande", aseguró.

     Benedicto XVI explicó que "el amor significa abandonarse a sí mismos, darse, no querer poseerse a sí mismos, sino ser libres de sí mismos: no replegarse sobre sí mismos  -qué será de mí-,  sino mirar adelante, hacia el otro, hacia Dios y hacia los hombres que Él me envía".

     "En la realidad concreta, no se trata simplemente de reconocer un principio, sino de vivir su verdad, la verdad de la cruz y de la resurrección. Por eso, no basta una única gran decisión. Es importante atreverse una vez a tomar la gran decisión fundamental, atreverse a pronunciar el gran "sí" que el Señor nos pide en un cierto momento de nuestra vida, que debe ser después cotidianamente reconquistado en las situaciones de todos los días, en las que, siempre de nuevo, debemos abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, cuando en el fondo querríamos en cambio agarrarnos a nuestro yo", añadió.

     El Papa dijo que "el sacrificio y la renuncia forman también parte de una vida recta. Quien promete una vida sin este siempre nuevo don de sí, engaña a la gente. No existe una vida lograda sin sacrificio". En este sentido afirmó que en las situaciones en que se acepta una renuncia "constituyen momentos grandes e importantes de la propia vida".

     "La gloria de Dios, su señorío, su voluntad es siempre más importante que mi pensamiento y mi voluntad. Aprender este orden justo de la realidad, aceptarlo íntimamente; confiar en Dios y creer que Él está haciendo lo justo; que su voluntad es la verdad y el amor; que mi vida llega a ser buena si aprendo a adherirme a este orden. La vida, la muerte y la resurrección de Jesús son para nosotros la garantía de que verdaderamente podemos fiarnos de Dios. De esta forma se realiza su Reino".

     La Cruz, continuó, "camina de un lado al otro del mundo, de mar a mar. Y nosotros la acompañamos. Progresamos con ella en el camino y así encontramos nuestro camino".

     "Cuando tocamos la Cruz, cuando la llevamos, tocamos el misterio de Dios, el misterio de Jesucristo", añadió, pero "también la ley fundamental, la norma constitutiva de nuestra vida, es decir, el hecho de que sin el "sí" a la Cruz, sin caminar en comunión con Cristo cada día, la vida no puede tener éxito".

     Benedicto XVI concluyó haciendo hincapié en que "quien quiere guardar su vida para sí mismo, la pierde. Quien entrega su vida  -cotidianamente, en los pequeños gestos que forman parte de la gran decisión-  la encuentra. Esta es la verdad exigente, pero también profundamente bella y liberadora, en la que queremos entrar paso a paso durante el camino de la Cruz a través de los continentes"

Fuente: AICA

domingo, 5 de abril de 2009

Vos sos el Hijo de Dios

Una procesión de dos columnas que partieron de Liniers y Once para converger en la basílica de San José de Flores, donde el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, presidió la misa, anticipó hoy el Domingo de Ramos en Buenos Aires.

     A lo largo del trayecto, seminaristas, sacerdotes y obispos auxiliares porteños junto a numerosos fieles, bendijeron a la gente a su paso, e ingresaron a negocios para entregar estampas y obsequiar ramos de olivo.

     La expresión de fe, que memora la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén previo a su pasión, muerte y resurrección, llevó por lema "Jesús sale a nuestro encuentro por las calles".

    Antes de empezar la misa, el cardenal Bergoglio instó a la feligresía a agitar los ramos de olivo "unidos por un vínculo de paz".

    En la homilía, el purpurado porteño recordó que "con Jesús entramos en Jerusalén, que es algo más que una ciudad. Es una realidad en cada uno. Entra en mi vida, de nuevo entra valientemente. Jesús no se deja engañar por la fiesta del momento sabe que es pasajero. Le espera la persecución, la calumnia, la difamación, la cárcel, un juicio tramposo, la tortura, la condena de un cobarde que se lava las manos. Le esperaba el camino de la cruz y la muerte".

     "Entremos con El y El entrará en la Jerusalén del corazón. Que nuestra parte del corazón proclame: 'Vos sos el Hijo de Dios'", pidió.

     Tras señalar que en Semana Santa "podemos hacer muchas cosas. Mirar el crucifijo, a María al pie de la cruz, los dolores, su corazón", indicó que "en la historia no hubo una soledad más compromida que la de Jesús. Lo abandonaron y lo traicionaron varios".

    "Jesús de nuevo te mira a vos, me mira a mí, nos mira a todos, como miró a la cruz, a los ojos de (Poncio) Pilatos, al buen ladrón, a su madre. Dejate mirar por Jesús sufriendo. El no vino para condenarte. No andes comprando felicidades baratas", subrayó.

     Por último, el cardenal Bergoglio rezó una oración en comunidad y llamó a la esperanza.

     En tanto, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García, agradeció a quienes caminaron por la ciudad. "Les damos gracias a todos los que llevaron la bendición querida, desea y esperada. 
A través de ustedes El quiso entrar en la Jerusalén de tantos hombres. Así somos Iglesia y damos testimonio de Jesús en medio nuestro", dijo.

     A partir de las 16 dos carrozas, una con la imagen de Jesús bendiciendo y otra con hombres vestidos de violeta cargando una cruz, salieron en forma simultánea desde plaza Once y el santuario de San Cayetano, de Liniers, para converger cerca de las 19.30 en la basílica de San José, en Flores.

     La procesión forma parte de las actividades previstas para convertir a Buenos Aires en un "gran santuario" durante Semana Santa.
Fuente AICA

sábado, 4 de abril de 2009

Esperando contra toda esperanza. Después de todo también es nuestra Iglesia.




Caminando por mi desierto  de esta cuaresma de 2009 encontré un oasis que quiero compartir con todos mis amigos laicos.

Estamos en momentos de prueba, y dan muchas ganas de salir corriendo lo más lejos posible, es la primera cosa que se nos viene a la mente, es la reacción natural ante tantos palos en la rueda, ante tanta obstaculización que encontramos para ejercer nuestra vocación de laicos.

Pero no es lo que el Señor espera de nosotros. Cristo exige nuestra confianza, nuestro sacrificio, nuestra esperanza. Si aunque Ustedes y yo sabemos que a veces la sangre hierve ante algunas actitudes, debemos esperar contra toda esperanza. Después de todo también es nuestra Iglesia.

Les paso algunas de las consolaciones que encontré en este nuevo oasis de fe, lleno de agua viva: Aparecida.

213. Hoy toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión. La evangelización del Continente, nos decía el papa Juan Pablo II, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos. Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de proyectos pastorales a favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación.

214. En este contexto, el fortalecimiento de variadas asociaciones laicales, movimientos apostólicos eclesiales e itinerarios de formación cristiana, y comunidades eclesiales y nuevas comunidades, que deben ser apoyados por los pastores, son un signo esperanzador. Ellos ayudan a que muchos bautizados y muchos grupos misioneros asuman con mayor responsabilidad su identidad cristiana y colaboren más activamente en la misión evangelizadora. En las últimas décadas, varias asociaciones y movimientos apostólicos laicales han desarrollado un fuerte protagonismo. Por ello, un adecuado discernimiento, animación, coordinación y conducción pastoral, sobre todo de parte de los sucesores de los Apóstoles, contribuirá a ordenar este don para la edificación de la única Iglesia.

215. Reconocemos el valor y la eficacia de los Consejos parroquiales, Consejos diocesanos y nacionales de fieles laicos, porque incentivan la comunión y la participación en la Iglesia y su presencia activa en el mundo. La construcción de ciudadanía en el sentido más amplio y la construcción de eclesialidad en los laicos, es uno solo y único movimiento.

Caminando por mi desierto me encontré este tesoro y voy a seguir buscando, para seguir compartiendolo.

Les dejo un abrazo en Cristo y mis sinceros deseos de que esta Pascua nos traiga más frutos de la resurrección.


Paz y Bien!


viernes, 3 de abril de 2009

Domingo de Ramos: vigencia eterna




Estamos a pocas horas de una de las fiestas más celebradas por los cristianos de todo el mundo: el Domingo de Ramos.

Comparto con Ustedes esta meditación para que este año podamos rumiar mejor esta fecha.

Es natural en el ser humano cuando llegan estos días y escuchamos el relato de la pasión conmoverse con el recuerdo de los padecimientos de Jesús, más de alguno siente sincera emoción ante estas celebraciones. Pero nuestra fe no puede ser solo un sentimiento, de serlo estaríamos ante una fe inmadura, casi infantil. La fe exige una coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, no solo en semana santa sino durante todo el año.

Muchos de los que agitan fervorosamente los ramos, igual que pasó en Jerusalen hace 20 siglos, están dispuestos a proclamar rey de sus vidas a Jesús, siempre y cuando no resulte muy incómodo, inconveniente o complicado en sus exigencias.

Los invito a que nos hagamos algunas preguntas que nos pueden ayudar a madurar un poquito nuestra fe:

¿Cuándo me dan un vuelto de más en algún negocio, proclamo a Jesús rey de mi vida devolviendo lo que no es mío? 

¿Cuándo veo personas durmiendo en la calle a la interperie, veo en ellos a Jesús el rey?

¿Cuándo vas a un geriátrico, a una cárcel o a un hospital y ves enfermos abandonados, a quien nadie consuela en su dolor, acompañas al Cristo vivo en ellos? o antes de responder eso... ¿vas alguna vez a un hospital, cárcel o geriátrico a visitar a los que están enfermos, presos o abandonados? 

Cuando la Iglesia expresa a través del Papa o los obispos su verdad... ¿la compartes o la criticas como si te fuera ajena la respuesta?

¿Ves al crucificado en los bebes abortados o justificas el egoismo diciendo que aún no eran personas?

¿Sos católico todos los días? o solamente para los bautismos, casamientos y semana santa (siempre y cuando no te vayas de vacaciones)...

No se trata de amargarte, ni de sentirte excluído... se trata de tomar conciencia de la verdadera dimensión de lo que implica la fe: vivir como otro Cristo.

No hay que perder de vista el modelo de reino que nos propone Jesús, pasando primero por el calvario, el dolor y abandono en la cruz y la muerte más cruda e infame. El Nazareno sin tener ni la menor culpa padeció la más cruel de las muertes.. ciento por ciento por las culpas ajenas.. las mias y las tuyas.

Espero que este breve texto, te ayude para que este Domingo de Ramos. Cuando levantemos palmas y olivos, seamos concientes de todo lo que implica, especialmente que para poder resucitar con Cristo, primero debemos morir con El.

Que la paz del Crucificado sea contigo.


miércoles, 1 de abril de 2009

Raúl Alfonsin (ex presidente de la Nación Argentina, ejemplo de demócrata, católico practicante)




El ex presidente argentino, doctor Raúl Ricardo Alfonsín, quien falleció ayer tras padecer una larga enfermedad, pidió recibir los sacramentos de la Unción de los Enfermos y de la Reconciliación, según dijo a la prensa monseñor Justo Oscar Laguna, obispo emérito de Morón.

    A media mañana de ayer, el prelado visitó al ex mandatario en su domicilio de la avenida Santa Fe, en el barrio porteño de la Recoleta. Al salir, contó a la prensa que Alfonsín “no soltaba” su mano, durante el breve momento que permaneció junto a él.

    Monseñor Laguna dijo que le impartió “una bendición” y confirmó que en diciembre pasado Alfonsín le pidió que le administrara los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos.

    
El obispo y amigo del ex presidente contó que cuando lo visitó, Alfonsín "estaba muy mal, pero muy lúcido. Ya me iba, cuando me agarró la mano y me besó el anillo. Yo lo besé en la frente y lloré como un loco", reconoció.

    Tras señalar que no lo conocía hasta antes de las elecciones de 1983 y precisó que "recién lo conocí por la misión que me encomendó el Vaticano por el conflicto del Beagle".

     "La paz no sólo se logró con el cardenal (Antonio) Samoré, sino también por Alfonsín que llamó a una consulta popular. Si no, casi volvíamos a la guerra", reveló.

    Monseñor Laguna calificó a Alfonsín como "un pro-hombre de la democracia argentina" que "soportó los dolores de su enfermedad con una serenidad extraordinaria", "Estoy muy triste, murió un amigo del alma", expresó

Velatorio y exequias
    El ex presidente Raúl Alfonsín es velado hoy en el Salón Azul del Congreso Nacional. Por la mañana, hubo un oficio religioso del que participaron familiares y amigos más cercanos.

     Para mañana, al mediodía, está prevista una misa exequial de cuerpo presente en las escalinatas del Congreso presidida por el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, primo hermano del ex presidente, y concelebrada por otros obispos que se acerquen al lugar. Con posterioridad será traslado al cementerio de la Recoleta, donde se le dará el último adiós.


Fuente: AICA

lunes, 30 de marzo de 2009

De la meditación de la muerte


DE LA MEDITACIÓN DE LA MUERTE (cap. 23)

1. Muy presto será contigo este negocio; mira cómo te has de componer. Hoy es el hombre y mañana no parece.
En quitándolo de la vista, se va presto también de la memoria.
¡Oh torpeza y dureza del corazón humano, que solamente piensa en lo presente, sin cuidado de lo por venir!
Así habías de conducirte en toda obra y pensamiento, como si hoy hubieses de morir.
Si tuvieses buena conciencia, no temerías mucho la muerte.
Mejor fuera evitar los pecados que huir de la muerte.
Si no estás dispuesto hoy, ¿cómo lo estarás mañana?
Mañana es día incierto; y ¿qué sabes si amanecerás mañana?

2. ¿Qué aprovecha vivir mucho, cuando tan poco nos enmendamos? ¡Ah! La larga vida no siempre nos enmienda, antes muchas veces añade pecados.
¡Ojalá hubiéramos vivido un día bien en este mundo!
Muchos cuentan los años de su conversión, pero muchas veces es poco el fruto de la enmienda.
Si es temeroso el morir, puede ser que sea más peligroso el vivir mucho.
Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir.
Si has visto alguna vez morir un hombre, piensa que por aquella carrera has de pasar.

3. Cuando fuere de mañana, piensa que no llegarás a la noche, no te atrevas a prometer ver la mañana.
Por eso está siempre prevenido, y vive de tal manera, que nunca te halle la muerte desapercibido.
Muchos mueren de repente: porque en la hora que no se piensa vendrá el Hijo del hombre.
Cuando viniere aquella hora postrera, de otra suerte comenzarás a sentir de toda tu vida pasada, y te dolerás mucho de haber sido tan negligente y perezoso.

4. ¡Qué bienaventurado y prudente es el que vive de tal modo, cual desea le halle Dios en la hora de la muerte!
El perfecto desprecio del mundo, el ardiente deseo de aprovechar en las virtudes, el amor de la austeridad, el trabajo de la penitencia, la prontitud de la obediencia, el renunciarse a sí mismo, la paciencia en toda adversidad por amor de nuestro Señor Jesucristo, gran confianza le darán de morir felizmente.
Muchas cosas buenas podrías hacer mientras estás sano; pero cuando enfermo no sé qué podrás.

5. No confíes en amigos, ni en vecinos, ni dilates para después tu salvación; porque más presto de lo que piensas estarás olvidado de los hombres.
Mejor es ahora con tiempo prevenir algunas buenas obras que envíes adelante, que esperar en el socorro de otros.
Si tú no eres solícito para ti ahora, ¿quién tendrá cuidado de ti después?
Ahora es el tiempo muy precioso; ahora son los días de salud; ahora es el tiempo aceptable.
Pero ¡ay dolor! que lo gastas sin aprovecharte, pudiendo en él ganar para vivir eternamente.
Vendrá cuando desearás un día o una hora para enmendarte, y no sé si te será concedida.

6. ¡Oh hermano! ¡De cuánto peligro te podrías librar, y de cuán grave espanto salir, si estuvieses siempre temeroso de la muerte y preparado para ella!
Trata ahora de vivir de modo que en la hora de la muerte puedas más bien alegrarte que temer.
Aprende ahora a morir al mundo, para que entonces comiences a vivir con Cristo.
Aprende ahora a despreciarlo todo, para que entonces puedas libremente ir a Cristo.
Castiga ahora tu cuerpo con penitencia, porque entonces puedas tener confianza cierta.

7. ¡Oh necio! ¿Por qué piensas vivir mucho, no teniendo un día seguro?
Cuántos que pensaban vivir mucho, se han engañado, y han sido separados del cuerpo cuando no lo esperaban!
¿Cuántas veces oíste contar que uno murió a cuchillo, otro se ahogó, otro cayó de alto y se quebró la cabeza, otro comiendo se quedo pasmado, a otro jugando le vino su fin?
Uno murió con fuego, otro con hierro, otro de peste, otro pereció a manos de ladrones; y así la muerte es fenecimiento de todos, y la vida de los hombres se pasa como sombra rápidamente.

8.¿Quién se acordará de ti, y quién rogará por ti después de muerto?
Haz ahora, hermano, lo que pudieres; que no sabes cuándo morirás, ni lo que acaecerá después de la muerte.
Ahora que tienes tiempo, atesora riquezas inmortales.
Nada pienses fuera de tu salvación, y cuida solamente de las cosas de Dios.
Granjéate ahora amigos venerando a los Santos de Dios, e imitando sus obras, para que cuando salieres de esta vida te reciban en las moradas eternas.

9. Trátate como huésped y peregrino sobre la tierra, a quien no le va nada en los negocios del mundo.
Guarda tu corazón libre y levantado a Dios, porque aquí no tienes domicilio permanente.
A El dirige tus oraciones y gemidos cada día con lágrimas, porque merezca tu espíritu, después de la muerte, pasar dichosamente al descanso del Señor.
Amén.

Fuente: La imitación de Cristo. Tomás de Kempis.

jueves, 26 de marzo de 2009

¿Realmente crees que Dios no se da cuenta?




En estos tiempos donde la soberbia y la autosuficiencia son el pan nuestro de cada día, es necesario hacer una instropección y poder detenernos unos minutos para poder analizar nuestra situación actual en relación a nuestros vínculos: con nuestros hermanos y con Dios.

Lejos están los días donde el hombre se reconocía pecador con mayor naturalidad y acudia a la gracia divina con mayor humildad para poder lavar sus pecados, para poder tener la conciencia en paz y para seguir creciendo, a partir de allí, espiritualmente.

Hoy en un mundo donde nadie tiene la culpa de nada, donde para todo hay una explicación de autojustificación y donde nadie se hace responsable de sus actos, pensar en que un ser humano adopte una actitud penitente es algo al menos extraño.

Los pecados tradicionales, en general ya los conocemos pero hay algunos que por su sutileza, a veces se quedan escondidos en nuestras almas y debemos verlos y confesarlos para que el Señor nos pueda sanar de estas heridas:

- cuando no le prestas la atención necesaria a tu familia y respondes a cualquier pregunta en piloto automático,

- cuando ves a un compañero de trabajo o estudio desanimado y no haces ni le dices nada para ayudarle,

- cuando teniendo compromisos previos te haces el simpático/a con alguien, con malas intensiones,

- cuando pudiendo hacer el bien te haces el dormido o el autista (en el subte, en tu edificio, en tu club, con tus amigos, en tu lugar de estudio y también en tu familia),

- cuando el ocio, la internet, la radio, la música o la TV te quitan tiempo de estudio, de trabajo, de oración o de diálogo y no haces nada al respecto, pues es tu escape de la realidad,

- cuando en tu armario ya no hay espacio y sigues comprandote cosas y no das nada, pues lo guardas por si acaso,

- cuando prefieres hartarte de comida chatarra comprada al delivery en vez de cocinar algo sano para tu familia,

- cuando preferis estar clavado al sillón toda la tarde en vez de salir a caminar o hacer algún deporte para cuidarte,

- cuando pones tus limitaciones de escudo para tener menos compromiso con el mundo, con tu familia y con tu Iglesia...

¿Da para pensar no?

Lo más triste no son los ejemplos anteriores, sino que muchos de los que usan estas justificaciones son católicos de misa dominical y actuan con un fariseismo pasmoso. Como si escuchar misa una vez por semana les diera una especie de credencial de santidad. Nada más erróneo que ese concepto. Hay más alegría en el cielo cuando un pecador se arrepentiente que cuando 99 justos se siguen portando bien ( o al menos eso es lo que ellos creen).

Estamos en cuaresma, momento de hacer un buen análisis de conciencia e ir al sacerdote a confesarse, pues sabemos que nadie sabe ni el día ni la hora y hay que tener las lámparas con aceite para cuando llegue el Esposo. No vaya y por no estar en gracia nos retrasemos al banquete eterno o no podamos entrar.

Les dejo la invitación sincera y urgente para acudir pronto al sacramento de la reconciliación.

O realmente ¿crees que Dios no se da cuenta de tu apatía, de tu flojera y de tu falta de caridad?


martes, 24 de marzo de 2009

Dia del niño por nacer







La Argentina celebra la Vida

Numerosas parroquias, instituciones y movimientos del país llevarán a cabo actividades con motivo de celebrarse mañana -en coincidencia con la solemnidad de la Anunciación del Señor- el Día del Niño por Nacer.

El Decreto 1406/98, que estableció este día, declara entre los fundamentos que “la vida, el mayor de los dones, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible” y que “el derecho a la vida no es una cuestión de ideología, ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana”.

Se eligió el 25 de marzo porque ese día fue concebido Jesús, cuyo nacimiento es el “más celebrado en el mundo por cristianos y no cristianos”; además, se conmemora el aniversario de la Encíclica “Evangelium Vitae”, de Juan Pablo II.

lunes, 23 de marzo de 2009

Cuando Dios calla...



Cuando Dios Calla

Palabras de inspiración para quienes se encuentran desalentados por el silencio de Dios.

"Si no hablas,
llenaré mi corazón de tu silencio
y lo guardaré conmigo.

Y esperaré quieto,
como la noche en su desvelo estrellado,
hundida pacientemente mi cabeza.
Vendrá sin duda la mañana
y se desvanecerá la sombra.

Y tu voz se derramará
por todo el cielo
en arroyos de oro.

Y tus palabras volarán
cantando
de cada uno de mis nidos.

Y tus melodías estallarán en flores
por mis profusas enramadas."

Fuente: R. Tagore