jueves, 5 de marzo de 2009

Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo


lntroducción

1. La verdad que hace libres es un don de Jesucristo (cf. Jn 8, 32). La búsqueda de la verdad es una exigencia de la naturaleza del hombre, mientras que la ignorancia lo mantiene en una condición de esclavitud. En efecto, el hombre no puede ser verdaderamente libre si no recibe una luz sobre las cuestiones centrales de su existencia y en particular sobre aquella de saber de dónde viene y a dónde va. El llega a ser libre cuando Dios se le entrega como un Amigo, según la palabra del Señor: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; sino que os llamo amigos, porque todo lo que he oído del Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15). La liberación de la alienación del pecado y de la muerte se realiza en el hombre cuando Cristo, que es la Verdad, se hace el “camino” para él (cf. Jn 14, 6).

En la fe cristiana están intrínsecamente ligados el conocimiento y la vida, la verdad y la existencia. La verdad ofrecida en la revelación de Dios sobrepasa ciertamente las capacidades de conocimiento del hombre, pero no se opone a la razón humana. Más bien la penetra, la eleva y reclama la responsabilidad de cada uno (cf. 1 P 3, 15). Por esta razón desde el comienzo de la iglesia la “norma de la doctrina” (Rm 6, 17) ha estado vinculada, con el bautismo, al ingreso en el misterio de Cristo. El servicio a la doctrina, que implica la búsqueda creyente de la comprensión de la fe es decir, la teología, constituye por lo tanto una exigencia a la cual la Iglesia no puede renunciar.

En todas las épocas la teología es importante para que la Iglesia pueda responder al designio de Dios que quiere que: “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4). En los momentos de grandes cambios espirituales y culturales es todavía más importante, pero está también expuesta a riesgos, porque debe esforzarse en “permanecer” en la verdad (cf. Jn 8, 31) y tener en cuenta, al mismo tiempo, los nuevos problemas que se presentan al espíritu humano. En nuestro siglo, particularmente durante la preparación y realización del Concilio Vaticano II , la teología ha contribuido mucho a una más profunda “comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas”1, pero ha conocido también y conoce todavía momentos de crisis y de tensión.

La Congregación para la doctrina de la fe, por consiguiente, considera oportuno dirigir a los obispos de la Iglesia católica, y a través de ellos a los teólogos, la presente instrucción que se propone iluminar la misión de la teología en la iglesia. Después de considerar la verdad como don de Dios a su pueblo (I), describirá la función de los teólogos (II), se detendrá en la misión particular de los pastores (III), y, finalmente, propondrá algunas indicaciones acerca de la justa relación entre unos y otros (IV). De esta manera quiere servir al progreso en el conocimiento de la verdad (cf. Col 1, 10), que nos introduce en la libertad por la cual Cristo murió y resucitó (cf. Ga 5, 1).

I. La verdad, don de Dios a su pueblo

2. Movido por un amor sin medida, Dios ha querido acercarse al hombre que busca su propia identidad y caminar con él (cf. Lc 24, 15). Lo ha liberado de las insidias del “padre de la mentira” (cf. Jn 8, 44) y lo ha introducido en su intimidad para que encuentre allí, sobreabundantemente, su verdad plena y su verdadera libertad. Este designio de amor concebido por el “Padre de la luz” (St 1, 17; cf. 1 P 2, 9; 1 Jn 1, 5), realizado por el Hijo vencedor de la muerte (cf. Jn 8, 36), se actualiza incesantemente por el Espíritu que conduce “hacia la ven dad plena” (Jn 16, 13).

3. La verdad posee en sí misma una fuerza unificante: libera a los hombres del aislamiento y de las oposiciones en las que se encuentran encerrados por la ignorancia de la verdad y, mientras abre el camino hacia Dios, une los unos con los otros. Cristo destruyó el muro de separación que los había hecho ajenos a la promesa de Dios y a la comunión de la Alianza (cf. Ef 2, 1214). Envía al corazón de los creyentes su Espíritu, por medio del cual todos nosotros somos en El “uno solo” (cf. Rm 5, 5; Ga 3, 28). Así llegamos a ser, gracias al nuevo nacimiento y a la unción del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 5; 1 Jn 2, 20. 27), el nuevo y único Pueblo de Dios que, con las diversas vocaciones y carismas, tiene la misión de conservar y transmitir el don de la verdad. En efecto, la iglesia entera como “sal de la tierra” y “luz del mundo” (cf. Mt 5, 13 s.), debe dar testimonio de la verdad de Cristo que hace libres.

4. El pueblo de Dios responde a esta llamada “sobre todo por medio de una vida de fe y de caridad y ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza”. En relación más específica con la “vida de fe” el Concilio Vaticano II precisa que “la totalidad de los fieles, que han recibido la unción del Espíritu Santo (cf. 1 Jn 2, 20. 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta peculiar prerrogativa suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando, ‘desde los obispos hasta los últimos laicos” presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres”2.

5. Para ejercer su función profética en el mundo, el pueblo de Dios debe constantemente despertar o “reavivar” su vida de fe (cf. 2 Tm 1, 6), en especial por medio de una reflexión cada vez más profunda, guiada por el Espíritu Santo, sobre el contenido de la fe misma y a través de un empeño en demostrar su racionalidad a aquellos que le piden cuenta de ella (cf. 1 P 3 , 1 5) . Para esta misión el Espíritu de la verdad concede, a fieles de todos los órdenes, gracias especiales otorgadas “para común utilidad” (1 Co 12, 711).

II. La vocación del teólogo

6. Entre las vocaciones suscitadas de ese modo por el Espíritu en la iglesia se distingue la del teólogo, que tiene la función especial de lograr, en comunión con el Magisterio, una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Dios contenida en la Escritura inspirada y transmitida por la tradición viva de la iglesia.

Por su propia naturaleza la fe interpela la inteligencia, porque descubre al hombre la verdad sobre su destino y el camino para alcanzarlo. Aunque la verdad revelada supere nuestro modo de hablar y nuestros conceptos sean imperfectos frente a su insondable grandeza (cf. Ef 3, 19), sin embargo invita a nuestra razón —don de Dios otorgado para captar la verdad— a entrar en su luz, capacitándola así para comprender en cierta medida lo que ha creído. La ciencia teológica, que busca la inteligencia de la fe respondiendo a la invitación de la voz de la verdad ayuda al pueblo de Dios, según el mandamiento del Apóstol (cf. 1 P 3, 15), a dar cuenta de su esperanza a aquellos que se lo piden.

7. El trabajo del teólogo responde de ese modo al dinamismo presente en la fe misma: por su propia naturaleza la Verdad quiere comunicarse, porque el hombre ha sido creado para percibir la verdad y desea en lo más profundo de sí mismo conocerla para encontrarse en ella y descubrir allí su salvación (cf. 1 Tm 2, 4). Por esta razón el Señor ha enviado a sus apóstoles para que conviertan en “discípulos” todos los pueblos y les prediquen (cf. Mt 28, 19 s.). La teología que indaga la “razón de la fe” y la ofrece como respuesta a quienes la buscan, constituye parte integral de la obediencia a este mandato, porque los hombres no pueden llegar a ser discípulos si no se les presenta la verdad contenida en la palabra de la fe (cf. Rm 10, 14 s.).

La teología contribuye, pues, a que la fe sea comunicable y a que la inteligencia de los que no conocen todavía a Cristo la pueda buscar y encontrar. La teología, que obedece así al impulso de la verdad que tiende a comunicarse, al mismo tiempo nace también del amor y de su dinamismo: en el acto de fe, el hombre conoce la bondad de Dios y comienza a amarlo, y el amor desea conocer siempre mejor a aquel que ama3. De este doble origen de la teología, enraizado en la vida interna del pueblo de Dios y en su vocación misionera, deriva el modo con el cual ha de ser elaborada para satisfacer las exigencias de su misma naturaleza.

8. Puesto que el objeto de la teología es la Verdad, el Dios vivo y su designio de salvación revelado en Jesucristo, el teólogo está llamado a intensificar su vida de fe y a unir siempre la investigación científica y la oración4. Así estará más abierto al “sentido sobrenatural de la fe” del cual dependa y que se le manifestará como regla segura para guiar su reflexión y medir la seriedad de sus conclusiones,

9. A lo largo de los siglos la teología se ha constituido progresivamente en un verdadero y propio saber científico. Por consiguiente es necesario que el teólogo esté atento a las exigencias epistemológicas de su disciplina, a los requisitos de rigor crítico y, por lo tanto, al control racional de cada una de las etapas de su investigación. Pero la exigencia crítica no puede identificarse con el espíritu crítico que nace más bien de motivaciones de carácter afectivo o de prejuicios. El teólogo debe discernir en sí mismo el origen y las motivaciones de su actitud crítica y dejar que su mirada se purifique por la fe. El quehacer teológico exige un esfuerzo espiritual de rectitud y de santificación.

l0. La verdad revelada aunque trasciende la razón humana, está en profunda armonía con ella. Esto supone que la razón esté por su misma naturaleza ordenada a la verdad de modo que, iluminada por la fe, pueda penetrar el significado de la revelación. En contra de las afirmaciones de muchas corrientes filosóficas, pero en conformidad con el recto modo de pensar que encuentra confirmación en la Escritura se debe reconocer la capacidad que posee la razón humana para alcanzar la verdad, como también su capacidad metafísica de conocer a Dios a partir de lo creado5.

La tarea, propia de la teología, de comprender el sentido de la revelación exige, por consiguiente, la utilización de conocimientos filosóficos que proporcionen “un sólido y armónico conocimiento del hombre, del mundo y de Dios”6, y puedan ser asumidos en la reflexión sobre la doctrina revelada. Las ciencias históricas igualmente son necesarias para los estudios del teólogo, debido sobre todo al carácter histórico de la revelación, que nos ha sido comunicada en una “historia de salvación”. Finalmente se debe recurrir también a las “ciencias humanas”, para comprender mejor la verdad revelada sobre el hombre y sobre las normas morales de su obrar, poniendo en relación con ella los resultados válidos de estas ciencias.

En esta perspectiva corresponde a la tarea del teólogo asumir elementos de la cultura de su ambiente que le permitan evidenciar uno u otro aspecto de los misterios de la fe. Dicha tarea es ciertamente ardua y comporta riesgos, pero en sí misma es legítima y debe ser impulsada.

Al respecto, es importante subrayar que la utilización por parte de la teología de elementos e instrumentos conceptuales provenientes de la filosofía o de otras disciplinas exige un discernimiento que tiene su principio normativo último en la doctrina revelada. Es ésta la que debe suministrar los criterios para el discernimiento de esos elementos e instrumentos conceptuales, y no al contrario.

11. El teólogo, sin olvidar jamás que también es un miembro del pueblo de Dios, debe respetarlo y comprometerse a darle una enseñanza que no lesione en lo más mínimo la doctrina de la fe.

La libertad propia de la investigación teológica se ejerce dentro de la fe de la iglesia. Por tanto, la audacia que se impone a menudo a la conciencia del teólogo no puede dar frutos y “edificar” si no está acompañada por la paciencia de la maduración. Las nuevas propuestas presentadas por la inteligencia de la fe “no son más que una oferta a toda la iglesia. Muchas cosas deben ser corregidas y ampliadas en un diálogo fraterno hasta que toda la Iglesia pueda aceptarlas. La teología, en el fondo, debe ser un servicio muy desinteresado a la comunidad de los creyentes. Por ese motivo, de su esencia forman parte la discusión imparcial y objetiva, el diálogo fraterno, la apertura y la disposición de cambio de cara a las propias opiniones”7.

12. La libertad de investigación, a la cual tiende justamente la comunidad de los hombres de ciencia como a uno de sus bienes más preciosos, significa disponibilidad a acoger la verdad tal como se presenta al final de la investigación, en la que no debe haber intervenido ningún elemento extraño a las exigencias de un método que corresponda al objeto estudiado.

En teología esta libertad de investigación se inscribe dentro de un saber racional cuyo objeto ha sido dado por la revelación, transmitida e interpretada en la iglesia bajo la autoridad del Magisterio y acogida por la fe. Desatender estos datos, que tienen valor de principio, equivaldría a dejar de hacer teología. A fin de precisar las modalidades de esta relación con el Magisterio, conviene reflexionar ahora sobre el papel de este último en la Iglesia.

III. El magisterio de los pastores

13. “ Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones”8. El dio a su Iglesia, por el don del Espíritu Santo, una participación de su propia infalibilidad9. El pueblo de Dios gracias al “sentido sobrenatural de la fe”, goza de esta prerrogativa, bajo la guía del magisterio vivo de la Iglesia, que, por la autoridad ejercida en el nombre de Cristo, es el solo intérprete auténtico de la Palabra de Dios. escrita o transmitida10.

14. Como sucesores de los Apóstoles, los pastores de la Iglesia “reciben del Señor... la misión de enseñar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda criatura, a fin de que todos los hombres logren la salvación...”11. Por eso. se confía a ellos el oficio de guardar, exponer y difundir la Palabra de Dios, de la que son servidores12.

La misión del Magisterio es la de afirmar, en coherencia con la naturaleza “escatológica” propia del evento de Jesucristo, el carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su pueblo, protegiendo a este último de las desviaciones y extravíos y garantizándole la posibilidad objetiva de profesar sin errores la fe auténtica, en todo momento y en las diversas situaciones. De aquí se sigue que el significado y el valor del Magisterio sólo son comprensibles en referencia a la verdad de la doctrina cristiana y a la predicación de la Palabra verdadera. La función del Magisterio no es algo extrínseco a la verdad cristiana ni algo sobrepuesto a la fe; más bien, es algo que nace de la economía de la fe misma, por cuanto el Magisterio. en su servicio a la palabra de Dios, es una institución querida positivamente por Cristo como elemento constitutivo de la iglesia. El servicio que el Magisterio presta a la verdad cristiana se realiza en favor de todo el pueblo de Dios, llamado a ser introducido en la libertad de la verdad que Dios ha revelado en Cristo.

15. Para poder cumplir plenamente el oficio que se les ha confiado de enseñar el Evangelio y de interpretar auténticamente la revelación, Jesucristo prometió a los pastores de la Iglesia la asistencia del Espíritu Santo. El les dio en especial el carisma de la infalibilidad para aquello que se refiere a las materias de fe y costumbres. El ejercicio de este carisma reviste diversas modalidades. Se ejerce, en particular, cuando los obispos, en unión con su cabeza visible, en acto colegial, como sucede en los concilios ecuménicos, proclaman una doctrina, o cuando el Romano Pontífice, ejerciendo su función de Pastor y Doctor supremo de todos los cristianos, proclama una doctrina “ex cathedra”13.

16. El oficio de conservar santamente y de exponer con fidelidad el depósito de la revelación divina implica, por su misma naturaleza, que el Magisterio pueda proponer “de modo definitivo”14 enunciados que, aunque no estén contenidos en las verdades de fe, se encuentran sin embargo íntimamente ligados a ellas, de tal manera que el carácter definitivo de esas afirmaciones deriva, en último análisis, de la misma Revelación15 .

Lo concerniente a la moral puede ser objeto del magisterio auténtico, porque el Evangelio, que es palabra de vida, inspira y dirige todo el campo del obrar humano. El Magisterio, pues, tiene el

oficio de discernir, por medio de juicios normativos para la conciencia de los fieles, los actos que en sí mismos son conformes a las exigencias de la fe y promueven su expresión en la vida, como también aquellos que, por el contrario, por su malicia son incompatibles con estas exigencias. Debido al lazo que existe entre el orden de la creación y el orden de la redención, y debido a la necesidad de conocer y observar toda la ley moral para la salvación, la competencia del Magisterio se extiende también a lo que se refiere a la ley natural16.

Por otra parte, la Revelación contiene enseñanzas morales que de por sí podrían ser conocidas por la razón natural, pero cuyo acceso se hace difícil por la condición del hombre pecador. Es doctrina de fe que estas normas morales pueden ser enseñadas infaliblemente por el Magisterio17.

17. Se da también la asistencia divina a los sucesores de los Apóstoles, que enseñan en comunión con el sucesor de Pedro, y, en particular, al Romano Pontífice, Pastor de toda la iglesia cuando. sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse en “modo definitivo”, en el ejercicio del magisterio ordinario proponen una enseñanza que conduce a una mejor comprensión de la Revelación en materia de fe y costumbres, y ofrecen directivas morales derivadas de esta enseñanza.

Hay que tener en cuenta, pues, el carácter propio de cada una de las intervenciones del Magisterio y la medida en que se encuentra implicada su autoridad; pero también el hecho de que todas ellas derivan de la misma fuente, es decir, de Cristo que quiere que su pueblo camine en la verdad plena. Por este mismo motivo las decisiones magisteriales en materia de disciplina, aunque no estén garantizadas por el carisma de la infalibilidad, no están desprovistas de la asistencia divina y requieren la adhesión de los fieles.

18. El Romano Pontífice cumple su misión universal con la ayuda de los organismos de la Curia Romana, y en particular de la Congregación para la doctrina de la fe por lo que respecta a la doctrina acerca de la fe y de la moral. De donde se sigue que los documentos de esta Congregación, aprobados expresamente por el Papa, participan del magisterio ordinario del sucesor de Pedro18.

19. En las Iglesias particulares corresponde al obispo custodiar e interpretar la Palabra de Dios y juzgar con autoridad lo que le es conforme o no. La enseñanza de cada obispo, tomada individualmente, se ejercita en comunión con la del Pontífice Romano Pastor de la iglesia universal y con los otros obispos dispersos por el mundo o reunidos en Concilio ecuménico. Esta comunión es condición de su autenticidad.

El obispo, miembro del colegio episcopal por su ordenación sacramental y por la comunión jerárquica, representa a su Iglesia, así como todos los obispos en unión con el Papa representan a la Iglesia universal en el vínculo de la paz, del amor, de la unidad y de la verdad. Al confluir en la unidad, las Iglesia locales, con su propio patrimonio, manifiestan la catolicidad de la iglesia. Por su parte, las Conferencias Episcopales contribuyen a la realización concreta del espíritu (“affectus”) colegial19.

20. La tarea pastoral del Magisterio. que tiene la finalidad de vigilar para que el pueblo de Dios permanezca en la verdad que hace libres, es una realidad compleja y diversificada. El teólogo, que está también comprometido en el servicio de la verdad, para mantenerse fiel a su oficio, deberá tener en cuenta la misión propia del Magisterio y colaborar con él. ¿Cómo se puede entender esta colaboración? ¿Cómo se realiza concretamente y qué obstáculos puede encontrar? Es lo que ahora hay que examinar más de cerca.

IV. Magisterio y teología

A. Las relaciones de colaboración

21. El Magisterio vivo de la Iglesia y la teología, aun con funciones diversas, tienen en definitiva el mismo fin: conservar al pueblo de Dios en la verdad que hace libres y hacer de él la “luz de las naciones”. Este servicio a la comunidad eclesial pone en relación recíproca al teólogo con el Magisterio. Este último enseña auténticamente la doctrina de los Apóstoles y sacando provecho del trabajo teológico rechaza las objeciones y las deformaciones de la fe, proponiendo además con la autoridad recibida de Jesucristo nuevas profundizaciones, explicaciones y aplicaciones de la doctrina revelada. La teología, en cambio, adquiere, de modo reflejo, una comprensión siempre mas profunda de la Palabra de Dios, contenida en la Escritura y transmitida fielmente por la tradición viva de la Iglesia bajo la guía del Magisterio, se esfuerza por aclarar esta enseñanza de 1a Revelación frente a las instancias de la razón y, en fin, le da una forma orgánica y sistemática20.

22. La colaboración entre el teólogo y el Magisterio se realiza especialmente cuando aquel recibe la misión canónica o el mandato de enseñar. Esa se convierte entonces, en cierto sentido, en una participación de la labor del Magisterio al cual está ligada por un vinculo jurídico. Las reglas deontológicas que de por si y con evidencia derivan del servicio a la palabra de Dios son corroboradas por el compromiso adquirido por el teólogo al aceptar su oficio y al hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad21.

A partir de ese momento tiene oficialmente la responsabilidad de presentar y explicar con toda exactitud e integralmente, la doctrina de la fe.

23. Cuando el Magisterio de la Iglesia se pronuncia de modo infalible declarando solemnemente que una doctrina está contenida en la Revelación, la adhesión que se pide es la de la fe teologal. Esta adhesión se extiende a la enseñanza del magisterio ordinario y universal cuando propone para creer una doctrina de fe como de revelación divina.

Cuando propone “de modo definitivo” unas verdades referentes a la fe y a las costumbres, que, aun no siendo de revelación divina, sin embargo están estrecha e íntimamente ligadas con la Revelación, deben ser firmemente aceptadas y mantenidas22.

Cuando el Magisterio aunque sin la intención de establecer un acto “definitivo”, enseña una doctrina para ayudar a una comprensión más profunda de la Revelación y de lo que explícita su contenido, o bien para llamar la atención sobre la conformidad de una doctrina con las verdades de fe, o en fin para prevenir contra concepciones incompatibles con esas verdades, se exige un religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia23. Este último no puede ser puramente exterior y disciplinar, sino que debe colocarse en la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe.

24. En fin, con el objeto de servir del mejor modo posible al pueblo de Dios. particularmente al prevenirlo en relación con opiniones peligrosas que pueden llevar al error, el Magisterio puede intervenir sobre asuntos discutibles en los que se encuentran implicados, junto con principios seguros, elementos conjeturales y contingentes. A menudo sólo después de un cierto tiempo es posible hacer una distinción entre lo necesario y lo contingente.

La voluntad de asentimiento leal a esta enseñanza del Magisterio en materia de por si no irreformable debe constituir la norma. Sin embargo puede suceder que el teólogo se haga preguntas referentes, según los casos, a la oportunidad, a la forma o incluso al contenido de una intervención. Esto lo impulsará sobre todo a verificar cuidadosamente cuál es la autoridad de estas intervenciones, tal como resulta de la naturaleza de los documentos, de la insistencia al proponer una doctrina y del modo mismo de expresarse24.

En este ámbito de las intervenciones de orden prudencial, ha podido suceder que algunos documentos magisteriales no estuvieran exentos de carencias. Los pastores no siempre han percibido de inmediato todos los aspectos o toda la complejidad de un problema. Pero sería algo contrario a la verdad si, a partir de algunos determinados casos, se concluyera que el Magisterio de la Iglesia se puede engañar habitualmente en sus juicios prudenciales, o no goza de la asistencia divina en el ejercicio integral de su misión. En realidad el teólogo, que no puede ejercer bien su tarea sin una cierta competencia histórica, es consciente de la decantación que se realiza con el tiempo. Esto no debe entenderse en el sentido de una relativización de los enunciados de la fe. El sabe que algunos juicios del Magisterio podían ser justificados en el momento en el que fueron pronunciados, porque las afirmaciones hechas contenían aserciones verdaderas profundamente enlazadas con otras que no eran seguras. Solamente el tiempo ha permitido hacer un discernimiento y, después de serios estudios, lograr un verdadero progreso doctrinal.

25. Aun cuando la colaboración se desarrolle en las mejores condiciones, no se excluye que entre el teólogo y el Magisterio surjan algunas tensiones. El significado que se confiere a estas últimas y el espíritu con el que se las afronta no son realidades sin importancia: si las tensiones no brotan de un sentimiento de hostilidad y de oposición, pueden representar un factor de dinamismo y un estímulo que incita al Magisterio y a los teólogos a cumplir sus respectivas funciones practicando el diálogo.

26. En el diálogo debe prevalecer una doble regla: cuando se pone en tela de juicio la comunión de la fe vale el principio de la “unitas veritatis”; cuando persisten divergencias que no la ponen en tela de juicio, debe salvaguardarse la “unitas caritatis”.

27. Aunque la doctrina de la fe no esté en tela de juicio, el teólogo no debe presentar sus opiniones o sus hipótesis divergentes como si se tratara de conclusiones indiscutibles. Esta discreción está exigida por el respeto a la verdad, como también por el respeto al pueblo de Dios (cf. Rm 14, 115; 1 Co 8, 10. 2333). Por esos mismos motivos ha de renunciar a una intempestiva expresión pública de ellas.

28. Lo anterior tiene una aplicación particular en el caso del teólogo que encontrara serias dificultades, por razones que le parecen fundadas, a acoger una enseñanza magisterial no irreformable.

Un desacuerdo de este género no podría ser justificado si se fundara exclusivamente sobre el hecho de que no es evidente la validez de la enseñanza que se ha dado, o sobre la opinión de que la posición contraria es más probable. De igual manera no sería suficiente el juicio de la conciencia subjetiva del teólogo, porque ésta no constituye una instancia autónoma y exclusiva para juzgar la verdad de una doctrina.

29. En todo caso no podrá faltar una actitud fundamental de disponibilidad a acoger lealmente la enseñanza del Magisterio, que se impone a todo creyente en nombre de la obediencia de fe. El teólogo deberá esforzarse por consiguiente a comprender esta enseñanza en su contenido, en sus razones y en sus motivos. A esta tarea deberá consagrar una reflexión profunda y paciente, dispuesto a revisar sus propias opiniones y a examinar las objeciones que le hicieran sus colegas.

30. Si las dificultades persisten no obstante un esfuerzo leal, constituye un deber del teólogo hacer conocer a las autoridades magisteriales los problemas que suscitan la enseñanza en sí misma las justificaciones que se proponen sobre ella o también el modo como ha sido presentada. Lo hará con espíritu evangélico, con el profundo deseo de resolver las dificultades. Sus objeciones podrán entonces contribuir a un verdadero progreso, estimulando al Magisterio a proponer la enseñanza de la Iglesia de modo más profundo y mejor argumentada.

En estos casos el teólogo evitará recurrir a los medios de comunicación en lugar de dirigirse a la autoridad responsable, porque no es ejerciendo una presión sobre la opinión pública como se. contribuye a la clarificación de los problemas doctrinales y se sirve a la verdad.

31. Puede suceder que, al final de un examen serio y realizado con el deseo de escuchar sin reticencias la enseñanza del Magisterio, permanezca la dificultad. porque los argumentos en sentido opuesto le parecen prevalentes al teólogo. Frente a una afirmación sobre la cual siente que no puede dar su adhesión intelectual, su deber consiste en permanecer dispuesto a examinar más profundamente el problema.

Para un espíritu leal y animado por el amor a la Iglesia, dicha situación ciertamente representa una prueba difícil. Puede ser una invitación a sufrir en el silencio y la oración, con la certeza de que si la verdad está verdaderamente en peligro, terminará necesariamente imponiéndose.

B. El problema del disenso

32. En diversas ocasiones el Magisterio ha llamado la atención sobre los graves inconvenientes que acarrean a la comunión de la Iglesia aquellas actitudes de oposición sistemática, que llegan incluso a constituirse en grupos organizados25. En la exhortación apostólica Paterna cum benevolentia, Pablo VI ha presentado un diagnóstico que conserva toda su actualidad. Ahora se quiere hablar en particular de aquella actitud pública de oposición al Magisterio de la Iglesia, llamada también “disenso”, que es necesario distinguir de la situación de dificultad personal, de la que se ha tratado más arriba. El fenómeno del disenso puede tener diversas formas y sus causas remotas o próximas son múltiples.

Entre los factores que directa o indirectamente pueden ejercer su influjo hay que tener en cuenta la ideología del liberalismo filosófico que impregna la mentalidad de nuestra época. De allí proviene la tendencia a considerar que un juicio es mucho más auténtico si procede del individuo que se apoya en sus propias fuerzas. De esta manera se opone la libertad de pensamiento a la autoridad de la tradición, considerada fuente de esclavitud. Una doctrina transmitida y generalmente acogida viene desde el primer momento marcada por la sospecha y su valor de verdad puesto en discusión. En definitiva, la libertad de juicio así entendida importa más que la verdad misma. Se trata entonces de algo muy diferente a la exigencia legitima de libertad en el sentido de ausencia d. coacción, como condición requerida para la búsqueda leal de la verdad. En virtud de esta exigencia la iglesia ha sostenido siempre que “nadie puede ser forzado a abrazar la fe en contra de su voluntad”26.

También ejercen su influjo el peso de una opinión pública artificialmente orientada y sus conformismos. A menudo los modelos sociales difundidos por los medios de comunicación tienden a asumir un valor normativo. se difunde en particular la convicción de que la iglesia no debería pronunciarse sino sobre los problemas que la opinión pública considera importantes y en el sentido que conviene a ésta. El Magisterio, por ejemplo, podría intervenir en los asuntos económicos y sociales, pero debería dejar al juicio individual aquellos que se refieren a la moral conyugal y familiar.

En fin, también la pluralidad de las culturas y de las lenguas, que en sí misma constituye una riqueza, puede indirectamente llevar a malentendidos, motivo de sucesivos desacuerdos.

En este contexto se requiere un discernimiento crítico bien ponderado y un verdadero dominio de los problemas por parte del teólogo, si quiere cumplir su misión eclesial y no perder, al conformarse con el mundo presente (cf. Rm 12, 2. Ef 4, 23), la independencia de juicio propia de los discípulos de Cristo.

33. El disenso puede tener diversos aspectos. En su forma más radical pretende el cambio de la iglesia según un modelo de protesta inspirado en lo que se hace en la sociedad política. Cada vez con más frecuencia se cree que el teólogo sólo estaría obligado a adherirse a la enseñanza infalible del Magisterio, mientras que, en cambio, las doctrinas pro puestas sin la intervención del carisma de la infalibilidad no tendrían carácter obligatorio alguno, dejando al individuo en plena libertad de adherirse o no, adoptando así la perspectiva de una especie de positivismo teológico. El teólogo, por lo tanto, tendría libertad para poner en duda o para rechazar la enseñanza no infalible del Magisterio, especialmente en lo que se refiere a las normas particulares. Más aún, con esta oposición critica contribuiría al progreso de la doctrina.

34. La justificación del disenso se apoya generalmente en diversos argumentos, dos de los cuales tienen un carácter más fundamental. El primero es de orden hermenéutico: los documentos del Magisterio no serian sino el reflejo de una teología opinable. El segundo recurre al pluralismo teológico, llevado a veces hasta un relativismo que pone en peligro la integridad de la fe: las intervenciones magisteriales tendrían su origen en una teología entre muchas otras, mientras que ninguna teología particular puede pretender imponerse universalmente. Surge así una especie de “magisterio paralelo” de los teólogos, en oposición y rivalidad con el magisterio auténtico27.

Una de las tareas del teólogo es cierta. mente la de interpretar correctamente los textos del Magisterio, y para ello dispone de reglas hermenéuticas, entre las que figura el principio según el cual la enseñanza del Magisterio —gracias a la asistencia divina— vale más que la argumentación de la que se sirve, en ocasiones deducida de una teología particular. En cuanto al pluralismo teológico, éste es legitimo únicamente en la medida en que se salvaguarde la unidad de la fe en su significado. objetivo28. Los diversos niveles constituidos por la unidad de la fe, la unidadpluralidad de las expresiones de fe y la pluralidad de las teologías están en realidad esencialmente ligados entre si. La razón última de la pluralidad radica en el insondable misterio de Cristo que trasciende toda sistematización objetiva. Esto no quiere decir que se puedan aceptar conclusiones que le sean contrarias; ni tampoco que se pueda poner en tela de juicio la verdad de las afirmaciones por medio de las cuales el Magisterio se ha pronuncia. do29. En cuanto al “magisterio paralelo”, al oponerse al de los pastores, puede causar grandes males espirituales. En efecto, cuando el disenso logra extender su influjo hasta inspirar una opinión común, tiende a constituirse en regla de acción, lo cual no deja de perturbar gravemente al pueblo de Dios y conducir a un menosprecio de la verdadera autoridad30.

35. El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del “sentido sobrenatural de la fe”.

En realidad las opiniones de los fieles no pueden pura y simplemente identificarse con el “sensus fidei”31. Este último es una propiedad de la fe teologal que, consistiendo en un don de Dios que hace adherirse personalmente a la Verdad, no puede engañarse. Esta fe personal es también fe de la iglesia, puesto que Dios ha confiado a la Iglesia la vigilancia de la Palabra y, por consiguiente, lo que el fiel cree es lo que cree la iglesia. Por su misma naturaleza, el “sensus fidei” implica, por lo tanto, el acuerdo profundo del espíritu y del corazón con la iglesia, el “sentire cum Ecclesia”.

Si la fe teologal en cuanto tal no puede engañarse, el creyente en cambio puede tener opiniones erróneas, porque no todos sus pensamientos proceden de la fe32. No todas las ideas que circulan en el pueblo de Dios son coherentes con la fe, puesto que pueden sufrir fácilmente el influjo de una opinión pública manipulada por modernos medios de comunicación. No sin razón el Concilio Vaticano II subrayó la relación indisoluble entre el “sensus fidei” y la conducción del pueblo de Dios por parte del magisterio de los pastores: ninguna de las dos realidades puede separarse de la otra33. Las intervenciones del Mugiste río sirven para garantizar la unidad de la iglesia en la verdad del Señor. Ayudan a “permanecer en la verdad” frente al carácter arbitrario de las opiniones cambiantes y constituyen la expresión de la obediencia a la palabra de Dios34. Aunque pueda parecer que limitan la libertad de los teólogos, ellas instaura». por medio de la fidelidad a la fe que ha sido transmitida una libertad más profunda que sólo puede llegar por la unidad en la verdad.

36. La libertad del acto de fe no justifica el derecho al disenso. Ella, en realidad, de ningún modo significa libertad en relación con la verdad, sino la libre autodeterminación de la persona en conformidad con su obligación moral de acoger la verdad. El acto de fe es un acto voluntario, ya que el hombre. redimido por Cristo salvador y llamado Por El mismo a la adopción filial (cf. Rm 8, 15; Ga 4, 5; Ef l, 5; Jn 1, 12), no puede adherirse a Dios, a menos que, atraído por el Padre (Jn 6, 44), rinda a Dios el homenaje racional de su fe (Rm 12, 1). Como lo ha recordado la declaración Dignitatis humanae35. ninguna autoridad humana tiene el derecho de intervenir, por coacción o por presiones, en esta opción que sobrepasa los límites de su competencia. El respeto al derecho de libertad religiosa constituyen el fundamento del respeto al conjunto de los derechos humanos.

Por consiguiente, no se puede apelar a los derechos humanos para oponerse a las intervenciones del Magisterio. Un comportamiento semejante desconoce la naturaleza y la misión de la Iglesia, que ha recibido de su Señor la tarea de anunciar a todos los hombres la verdad de la salvación y la realiza caminando sobre las huellas de Cristo, consciente de que “la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la verdad misma, que penetra suave y fuertemente en las almas”36.

37. En virtud del mandato divino que le ha sido dado en la Iglesia, el Magisterio tiene como misión proponer la enseñanza del Evangelio, vigilar su integridad y proteger así la fe del pueblo de Dios. Para llevar a cabo dicho mandato a veces se ve obligado a tomar medidas onerosas; por ejemplo cuando retira a un teólogo, que se separa de la doctrina de la fe, la misión canónica o el mandato de enseñar que le habla confiado, o bien cuando declara que algunos escritos no están de acuerdo con esa doctrina. Obrando de esa manera quiere ser fiel a su misión porque defiende el derecho del pueblo de Dios a recibir el mensaje de la Iglesia en su pureza e integridad y, por consiguiente, a no ser desconcertado por una opinión particular peligrosa.

En esas ocasiones, al final de un serio examen realizado de acuerdo con los procedimientos establecidos y después de que el interesado haya podido disipar los posibles malentendidos acerca de su pensamiento, el juicio que expresa el Magisterio no recae sobre la persona misma del teólogo, sino sobre sus posiciones intelectuales expresadas públicamente. Aunque esos procedimientos puedan ser perfeccionados, no significa que estén en contra de la justicia o del derecho. Hablar en este caso de violación de los derechos humanos es algo fuera de lugar, porque se desconocería la exacta jerarquía de estos derechos, como también la naturaleza misma de la comunidad eclesial y de su bien común. Por lo demás, el teólogo, que no se encuentra en sintonía con el “sentire cum Ecclesia”, se coloca en contradicción con el compromiso que libre y conscientemente ha asumido de enseñar en nombre de la iglesia37.

38. Por último, el recurso al argumento del deber de seguir la propia conciencia no puede legitimar el disenso. Ante todo porque ese deber se ejerce cuando la conciencia ilumina el juicio práctico en vista de la toma de una decisión, mientras que aquí se trata de la verdad de un enunciado doctrinal. Además, porque si el teólogo, como todo fiel debe seguir su propia conciencia, está obligado también a formarla. La conciencia no constituye una facultad independiente e infalible. es un acto de juicio moral que se refiere a una opción responsable. La conciencia recta es una conciencia debidamente iluminada por la fe y por la ley moral objetiva, y supone igualmente la rectitud de la voluntad en el seguimiento del verdadero bien.

La recta conciencia del teólogo católico supone consecuentemente la fe en la Palabra de Dios cuyas riquezas debe penetrar, pero también el amor a la Iglesia de la que ha recibido su misión y el respeto al Magisterio asistido por Dios. Oponer un magisterio supremo de la conciencia al magisterio de la iglesia constituye la admisión del principio del libre examen, incompatible con la economía de la Revelación y de su transmisión en la iglesia, como también con una concepción correcta de la teología y de la misión del teólogo. Los enunciados de fe constituyen una herencia eclesial, y no el resultado de una investigación puramente individual y de una libre crítica de la Palabra de Dios. Separarse de los pastores que velan por mantener viva la tradición apostólica, es comprometer irreparablemente el nexo mismo con Cristo38.

39. La iglesia, que tiene su origen en la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo39, es un misterio de comunión, organizada de acuerdo con la voluntad de su fundador en torno a una jerarquía que ha sido establecida para el servicio del Evangelio y del pueblo de Dios que lo vive. A imagen de los miembros de la primera comunidad, todos ;os bautizados, con los carismas que les son propios, deben tender con sincero corazón hacia una armoniosa unidad de doctrina, de vida y de culto (cf. Hch 2, 42). Esta es una regla que procede del ser mismo de la iglesia. Por tanto, no se puede aplicar pura y simplemente a esta última los criterios de conducta que tienen su razón de ser en la sociedad civil o en las reglas de funcionamiento de una democracia. Menos aún tratándose de las relaciones dentro de la iglesia, se puede inspirar en la mentalidad del medio ambiente (cf. Rm 12, 2). Preguntar a la opinión pública mayoritaria lo que conviene pensar o hacer. recurrir a ejercer presiones de la opinión pública contra el Magisterio, aducen como pretexto un “consenso” de los teólogos, sostener que el teólogo es el portavoz profético de una “base” o comunidad autónoma que sería por lo tanto la única fuente de la verdad, todo ello denota una grave pérdida del sentido de la verdad y del sentido de iglesia.

40. La Iglesia es “como un sacramento 0 señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”40. Por consiguiente, buscar la concordia y la comunión significa aumentar la fuerza de su testimonio y credibilidad; ceder, en cambio, a la tentación del disenso es dejar que se desarrollen “fermentos de infidelidad al Espíritu Santo”41.

Aunque la teología y el Magisterio son de naturaleza diversa y tienen diferentes misiones que no pueden confundirse, se trata sin embargo de dos funciones vitales en la iglesia, que deben compenetrarse y enriquecerse recíprocamente para el servicio del pueblo de Dios.

En virtud de la autoridad que han recibido de Cristo mismo, corresponde a los pastores custodiar esta unidad e impedir que las tensiones que surgen de la vida degeneren en divisiones. Su autoridad, trascendiendo las posiciones particulares y las oposiciones, debe unificarlas en la integridad del Evangelio, que es “la palabra de la reconciliación” (cf. 2 Co 5 , 1 820) .

En cuanto a los teólogos, en virtud del propio carisma, también les corresponde participar en la edificación del Cuerpo de Cristo en la unidad y en la verdad y su colaboración es más necesaria que nunca para una evangelización a escala mundial, que requiere los esfuerzos de todo el pueblo de Dios42. Si ocurriera que encuentran dificultades por el carácter de su investigación, deben buscar la solución a través de un diálogo franco con los pastores, en el espíritu de verdad y de caridad propio de la comunión de la iglesia.

41. Unos y otros siempre deben tener presente que Cristo es la Palabra definitiva del Padre (cf. Hb 1, 2) en quien, como observa san Juan de la Cruz, “Dios nos ha dicho todo junto y de una sola vez”43 y que, como tal, es la Verdad que hace libres (cf. Jn 8, 36

14, 6). Los actos de adhesión y de asentimiento a la Palabra confiada a la iglesia bajo la guía del Magisterio se refieren en definitiva a El e introducen en el campo de la verdadera libertad.

Conclusión

42. La Virgen María, Madre e imagen perfecta de la Iglesia, desde los comienzos del Nuevo Testamento ha sido proclamada bienaventurada, debido a su adhesión de fe inmediata y sin vacilaciones a la palabra de Dios (cf. Lc l, 38. 45), que conservaba y meditaba permanentemente en su corazón (cf. Lc 2, 19. 51). Ella se ha convertido así en modelo y apoyo para todo el pueblo de Dios confiado a su cuidado maternal. Le muestra el camino de la acogida y del servicio a la Palabra y, al mismo tiempo, el fin último que jamás debe perderse de vista: el anuncio a todos los hombres y la realización de la salvación traída al mundo por su Hijo Jesucristo.

Al concluir esta instrucción, la Congregación para la doctrina de la fe invita encarecidamente a los obispos a mantener y desarrollar relaciones de confianza con los teólogos, compartiendo un espíritu de acogida y de servicio a la Palabra y en comunión de caridad, en cuyo contexto se podrán superar más fácilmente algunos obstáculos inherentes a la condición humana en la tierra. De este modo todos podrán estar cada vez más al servicio de la Palabra y al servicio del pueblo de Dios, para que este último, perseverando en la doctrina de la verdad y de la libertad escuchada desde el principio, permanezca también en el Hijo y en el Padre y obtenga la vida eterna, realización de la Promesa (cf. 1 Jn 2, 2425).

El Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al infrascripto prefecto, ha aprobado esta instrucción, acordada en reunión ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado su publicación.

Roma, en la sede de la Congregación para la doctrina de la fe, 24 de marzo de 1 990, solemnidad de la Ascensión del Señor.

Cardenal Joseph RATZlNGER,
Prefecto

Alberto BOVONE, 
Arzobispo titular de Cesarea di Numidia,
Secretario


1

Dei Verbum, n. 8.

2

Lumen gentium, n. 12.

3

Cf. san Buenaventura, Prooem. in I Sent., q. 2 ad 6: “guando fides non assentit propter rationem, sed propter amorem eius cui assentit, desiderat habere rationes”.

4

Cf. Juan Pablo II, Discurso con ocasión de la entrega del “premio internacional Pablo Vi” al profesor Hans Urs von Balthasar, 23 de junio de 1984: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de julio de 1984, pág. 1.

5

Concilio Vaticano I, constitución dogmática De fide catholica, De revelatione, can. 1: DS 3026.

6

Optatam totius, n. 15.

7

Juan Pablo II, Discurso a los teólogos en Altötling, 18 de noviembre de 1980: AAS 73 (1981) 104: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 30 de noviembre de 1980, pág. 10; cf. también Pablo VI, Discurso a los miembros de la Comisión teológica internacional, 11 de octubre de 1972: AAS 64 (1972) 682683. L’Osservatore Romano edición en lengua española, 29 de octubre de 1972, pág. 9; Juan Pablo II, Discurso a los miembros de la Comisión teológica internacional, 26 de octubre de 1979: AAS 71 (1979) 14281433: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 23de diciembre de 1979, pág. 7.

8

Dei Verbum, n. 7.

9

Cf. Congregación para la doctrina de la fe, declaración Mysterium Ecclesiae, n. 2: AAS 65 (1973) 398 s.: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de julio de 1973, pág. 9.

10

Cf. Dei Verbum, n. 10.

11

Lumen gentium, n. 24.

12

Cf. Dei Verbum, n. 10.

13

Cf. Lumen gentium, Congregación para la doctrina de la fe, declaración Mysterium Ecclesiae, n. 3: AAS 65 (1973) 400 s.: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de julio de 1973, pág. 9 s.

14

Cf. Professio Fidei et Iusiurandam fidelitatis: AAS 81 (1989) 104 s.: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de mayo de 1989, pág. 5: “omnia et singula quae circa doctrinam de fide vel moribus ab eadem definitive proponuntur”.

15

Cf. Lumen gentium, n. 25; Congregación para la doctrina de la fe, declaración Mysterium Ecclesiae, núms. 35: AAS 65 (1973) 396408: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de julio de 1973, pág. 9 s.; Professio fidei et lusiurandum fidelitatis: AAS 81 (1989) 104 s.: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de mayo de 1989, pág. 5.

16

Cf. Pablo VI, Humanae vitae, n. 4: AAS 60 (1968) 483.

17

Cf. Concilio Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, cap. 2: DS 3005.

18

Cf. C.I.C. cc. 360361; Pablo VI, Regimini Ecclesiae universae, 15 de agosto de 1967, núms.. 2940: AAS 59 (1967) 897899; Juan Pablo II. Pastor bonus, 28 de junio de 1988. arts. 4855: AAS 80 (1988) 874884: L’Osservatore Romano,edición en lengua española. 29 de enero de 1989, págs. 9 ss.

19

Cf. Lumen gentium, nums. 2223. Como es sabido, a continuación de la segunda asamblea general extraordinaria del Sínodo de los obispos, el Santo Padre encargó a la Congregación para los obispos profundizar el “Estatuto teo1ogicojurídico de las Conferencias Episcopales”.

20

Cf. Pablo VI, Discurso a los participantes al Congreso internacional sobre la teología del Concilio Vaticano ll, 1 de octubre de 1966: A`IS 58 (1966) 892 s.

21

Cf. C.I.C., c. 833; Professio fidei et Iusiurandum fidelitatis: AAS 81 (1989) 104 s.: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de mayo de 1989, pág. 5.

22

EL texto de la nueva profesión de fe (cf. nota 15) precisa la adhesión a estas enseñanzas en los siguientes términos: “Firmiter etiam amplector et retineo...”.

23

Cf. Lumen gentium, n. 25; C.I.C,. c. 752.

24

Cf. Lumen gentium, n. 25 par. 1.

25

Pablo VI, Paterna cum benevolentia, 8 de diciembre de 1974: AAS 67 (1975) 523: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de diciembre de 1974, págs. 14. Véase también Congregación para la doctrina de la fe, declaración Mysterium Ecclesiae: AAS 65 (1973) 396408: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de julio de 1973, págs. 911.

26

Cf. Dignitatis humanae, n. 10.

27

La idea de un “magisterio paralelo” de los teólogos en oposición y rivalidad con el magisterio de los pastores a veces se apoya en algunos textos en los que santo Tomás de Aquino distingue entre “magisterium cathedrae pastoralis” y “magisterium cathedrae magisterialis” (Contra impunuantes, c. 2; Quodlib. III, q. 4, a. 1 (9); In IV Sent., 19, 2, 2, q. 3 sol. 2 ad. 4). En realidad estos textos no ofrecen algún fundamento para 1a mencionada posición, porque santo Tomás está absolutamente seguro de que el derecho de juzgar en materia doctrinal corresponde únicamente al “officium praelationis”.

28

Cf. Pablo VI, Paterna cum benevolentia, n. 4: AAS 67 (1975) 1415: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de diciembre de 1974, pág. 3

29

Cf. Pablo VI, Discurso a los miembros de la Comisión teológica internacional, 11 de octubre de 1973: AAS 65 ( 1973) 555559: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de octubre de 1973, pág. 9.

30

Cf. Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 19: AAS 71 (1979) 308: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de marzo de 1979, pág. 12; Discurso a los fieles de Managua, 4 de marzo de 1983, n. 7: AAS 75 (1983) 723:L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 13 de marzo de 1983, pág. 14; Discurso a los religiosos en Guatemala, 8 de marzo de 1983, n. 3: AAS 75 (1983) 746: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de marzo de 1983, pág. 9; Discurso a los obispos en Lima, 2 de febrero de 1985, n. 5: AAS 77 ( 1985) 874: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 17 de febrero de 1985, pág. 8; Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal belga en Malinas, 18 de mayo de 1985, n. 5: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 9 de junio de 1985, pág. 9; Discurso a algunos obispos estadounidenses en visita ad limina, 15 de octubre de 1988, n. 6: L’Osservatore Romano,edición en lengua española, 22 de enero de 1989. pág. 18.

31

Cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 5: AAS 74 (1982) 8586: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de diciembre de 1981, págs. 5 s.

32

Cf. la fórmula del Concilio de Trento, sess. VI, cap. 9: fides “cui non potest subesse falsum”: DS 1534. cf. santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, IIII, q. 1, a. 3, ad 3: “Possibile est enim hominem fidelem ex coniectura humana falsum aliquid aestimare. Sed quad ex fide falsum aestimet, hoc est impossibile”.

33

Cf. Lumen gentium, n. 12.

34

Cf. Dei Verbum, n. 10.

35

Dignitatis humanare, núms. 910.

36

Ib., n. 1.

37

Cf. Juan Pablo II, Sapientia christiana, 15 de abril de 1979, n. 27, 1 : AAS 71 (1979) 483. L’Osservatore Romano,edición en lengua española, 3 de junio de 1979, pág. 9; C.I.C., c. 812.

38

Cf. Pablo VI, Paterna cum benevolentia, n. 4: AAS 67 (1975) 15: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de diciembre de 1974, pág. 3.

39

Cf. Lumen gentium, n. 4.

40

Ib., n. 1.

41

Pablo VI, Paterna cum benevolentia, núms. 23: AAS 67 (1975) 1011: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de diciembre de 1974, pág. 3.

42

Cf. Juan Pablo II, Christifideles laici, núms. 3235: AAS 81 (1989) 451459: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de febrero de 1989, págs. 12 s.

43

San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo

 

martes, 3 de marzo de 2009

¿Cuál es tu verdadera vocación?



Dios desde siempre sale al encuentro del hombre y no se cansa de llamarlo.

Desde el momento que el hombre es concebido Dios tiene un proyecto de vida, un plan de salvación, un designio amoroso para cada uno de nosotros.

Evidentemente que nuestro Dios, que es la libertad en esencia, no impone sino que invita al hombre a decidir sobre como caminar hacia su futuro.

Como Padre respeta la vocación de cada hijo, nunca impone, nunca obliga, siempre llama, siempre espera.

El verdadero tesoro del ser humano es saber encontrar en ese llamado del Señor la verdadera felicidad, ya sea en el camino del matrimonio, de la vida consagrada o en el sacerdocio. Todos modelos de amor de lo que el Amor espera de nosotros.

A ti joven, hoy te pregunto:

¿Cuál es tu verdadera vocación?
¿Eres capaz de escuchar a Dios para decidir, o solo a tus instintos o a tus miedos?

Sabes algo, vas a tener que vivir toda tu vida con lo que elijas por eso tómalo muy en serio, haz silencio y trata de escuchar su Palabra.

Seguir tu verdadera vocación no es cualquier cosa, tu felicidad y hasta tu vida eterna depende de ello.

lunes, 2 de marzo de 2009

Me voy consumiendo



Sin arrimo y con arrimo,
sin luz y a oscuras viviendo
todo me voy consumiendo.

Mi alma está desasida
de toda cosa criada
y sobre sí levantada
y en una sabrosa vida
sólo en su Dios arrimada.

Por eso ya se dirá
la cosa que más estimo
que mi alma se ve ya
sin arrimo y con arrimo.

Y aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal
no es tan crecido mi mal
porque si de luz carezco
tengo vida celestial
porque el amor da tal vida
cuando más ciego va siendo
que tiene al ama rendida
sin luz y a oscuras viviendo.

Hace tal obra el amor
después que le conocí
que si hay bien o mal en mí
todo lo hace de un sabor
y al alma transforma en sí
y así en su llama sabrosa
la cual en mí estoy sintiendo
apriesa sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo.


San Juan de la Cruz

miércoles, 25 de febrero de 2009

Ayunar es amar



Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo del inicio de la Cuaresma
(25 de febrero de 2009)

 

Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza en nuestras calles. Nos acostumbramos a ver hombre y mujeres de toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor. Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.

A este corazón acostumbrado viene a despertarlo y rescatarlo del mal de la indiferencia “la trompeta que invita a hacer sonar el profeta” con la que se inicia este tiempo de cuaresma. Y a palabra del Dios que ama con desmesura a todos sus hijos nos dice con ternura “Vuelve a mí de todo tu corazón”. Ese es el deseo de Dios: que nosotros, que a veces nos encontramos y vivimos lejos de él, volvamos no por obligación, no de mala gana, no por miedo…sino de “todo corazón”.

Es lo esencial de este tiempo que iniciamos: aceptar la invitación a entrar más y más en la intimidad del Señor. Es una palabra de amor a nosotros, hombres que tenemos la tendencia de poner siempre el acento en los “cumplimientos”. Por eso Dios continúa diciéndonos: “Desgarren sus corazones, y no sus vestidos”. Nuestros gestos, nuestras mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor si proceden del corazón, si expresan un amor.

Uno de los pilares de nuestro camino de preparación cuaresmal es el ayuno; pero éste debe partir del amor y llevarnos a un amor más grande. El ayuno que Dios quiere sigue siendo “partir nuestro pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano”.

Ayunar desde la solidaridad. Hoy sólo se puede ayunar trabajando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor y la impotencia de millones de hambrientos.

Quien no ayuna por el pobre engaña a Dios. Ayunar es amar. Nuestro ayuno voluntario debe ayudar a impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.

Este miércoles de Ceniza iniciamos, como Iglesia en Buenos Aires, una vez más “EL GESTO SOLIDARIO DE CUARESMA”. Y deseamos que sea la respuesta de una comunidad de discípulos que se preparan a seguir un camino de conversión para “hacer ayuno” de verdad. Un ayuno que sea signo de solidaridad con los que ayunan involuntariamente, un signo de justicia en un mundo cruel donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; un ayuno que es no una imposición, sino la necesidad de manifestar la gratitud por el amor entregado de Jesús que nos dio la Vida, y continúa dándola.

 

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
25 de febrero de 2008 - Miércoles de ceniza

martes, 24 de febrero de 2009

Bienaventurados los que aman su vocación


Bienaventurados los que aman su vocación de servicio a sus hermanos, porque todo lo que haces por alguien más pequeño o débil se lo haces a Cristo.

Bienaventurados los que aman su vocación de misioneros, porque al llevar al Amor a los demás,  ellos lo reciben en abundancia. 

Bienaventurados los que aman su vocación de cristianos, porque serán llamados amigos y no siervos.

Bienaventurados los que aman su vocación orante, porque por ellos el mundo es bendecido a cada instante, por Dios. 

Bienaventurados los esposos que aman su vocación, a pesar de todo lo que sucede en el mundo, porque ellos contribuyen a que la única institución humana creada por Dios, la familia, sea signo de esperanza entre los hombres.

Bienaventurados los que aman su vocación de entrega total a El en el sacerdocio dejando todo para seguirlo y gastar su vida por los demás, porque ellos recibirán el ciento por uno.

Bienaventurados los que aman su vocación y llevan la cruz propia y la de los demás, como entrega agradable al Señor, porque ellos morirán y Cristo los resucitará.

Bienaventurados los que aman su vocación porque contribuyen con el Plan de Salvación.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El Amor es más Fuerte



Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios - el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.

El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías son también algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.

Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las vemos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.

Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor. 

1 Corintios 13

martes, 17 de febrero de 2009

Benedicto XVI visitará Tierra Santa



Al recibir Benedicto XVI en audiencia a los representantes de la Conferencia de los presidentes de las Mayores Organizaciones Judías de los Estados Unidos, el pasado jueves 12 de febrero, el rabino Arthur Schneier, de la Sinagoga de Park East, en Nueva York, hablando en nombre de los presentes, le dijo al Papa: "La Tierra prometida espera su llegada".

     En su respuesta, sabiendo que sus visitantes tras su escala en Italia se disponían a viajar a Tierra Santa, el pontífice afirmó: "Yo también me preparo para visitar Tierra Santa, una tierra que es santa para los cristianos y para los judíos, dado que las raíces de nuestra fe se encuentran allí".

     “La Iglesia -agregó- encuentra su sustento en la raíz de ese buen olivo, el pueblo de Israel, en el que se han injertado las ramas de los olivos silvestres de los gentiles", porque “desde los primeros días del cristianismo, nuestra identidad y cada uno de los aspectos de nuestra vida y de nuestro culto están íntimamente ligados a la antigua religión de nuestros padres en la fe", aseguró.

     De esta manera quedó confirmado que Benedicto XVI está preparando su visita a Tierra Santa, visita que algunas fuentes habían puesto en duda tras el estallido de la guerra en Gaza.

     Tanto en Jerusalén como en Roma se cree que la primera peregrinación de este pontificado a Jordania, Israel y los Territorios Palestinos se llevaría a cabo alrededor de la segunda semana de mayo.


Fuente: AICA

lunes, 16 de febrero de 2009

Montaña, Historia y Fe





A continuación les dejo una experiencia que une tres temas que me apasionan: la montaña, la historia y nuestra fe.

La quinta expedición que rememora el Cruce Sanmartiniano concretó ayer su llegada a Valle Hermoso, a 3.500 metros sobre el nivel del mar y límite con Chile, donde se realizó un emotivo acto con autoridades de ambos países.

Al grupo compuesto por 54 civiles y 19 efectivos de Gendarmería y Ejército, liderado por el gobernador sanjuanino José Luis Gioja, se sumó la delegación de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, que hace una semana partió a pie desde la capital provincial, encabezada por el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Alfonso Delgado.

Según el relato de una cronista del Diario de Cuyo, la jornada comenzó en el Refugio de Patos Sur, con el toque de diana que despertó al campamento a las 6.30, tras el cual los expedicionarios desayunaron y en sus caballos y mulas bordearon el río Patos Sur en subida, hasta llegar a los 3.500 metros, donde se encuentra el paso fronterizo.

Allí se cantaron los himnos de la Argentina y Chile, se entrecruzaron las banderas de ambos países y se intercambiaron regalos.

"Estas banderas chilenas y argentinas, cuando el corazón nos late más fuerte, cuando alguna lágrima nos corre por la mejilla, nos obliga a comprometernos, a pelear, a trabajar por la integración de dos países que comparten una de las fronteras más largas del mundo como son Chile y la Argentina", dijo con la voz entrecortada por la emoción el gobernador Gioja.



En tanto, monseñor Delgado bendijo el lugar y a los participantes de esta expedición que recreó la gesta del general José de San Martín, quien cruzó por ese paso al mando de la columna central del Ejército de Los Andes, unos 5.000 hombres, y a los pocos días, el 12 de febrero de 1817, derrotó a los realistas en la Batalla de Chacabuco.


Fuente: AICA


viernes, 13 de febrero de 2009

Misioneros: privilegiados del Amor, al servicio de la Iglesia.



A pocas horas de comenzar nuestra misión anual, me gustaría compartir con Ustedes algunas de las sensaciones y pensamientos que me embargan el alma.

Es muy dificil entender porque el Señor, pone en nuestras manos semejante tarea. 

Todas nuestras limitaciones, nuestras miserias, nuestros pecados nos hacen hasta dudar de que sea lo correcto comprometerse con semejante encargo.

Si nos ponemos a analizar detalladamente nuestras reales capacidades, saldriamos corriendo porque desde ya nos sabemos totalmente indignos, incompetentes  y pobres para semejante misión: llevar la Buena Noticia de Jesús a los hombres.

Sin embargo, si rezamos la situación y la ponemos en Sus Manos, entendemos que el solo hecho de ser portadores de semejante Noticia, nos dignifica, nos enriquece y nos potencia a lo mejor de nosotros mismos. No por méritos propios sino por méritos exclusivos de Nuestro Señor y Maestro.

Desde esta perspectiva la visión cambia. Es tan grande, tan santa y tan seria la misión encomendada que nos impregna en cada momento de nuestra vida, se nos pega a la piel, a nuestra alma, a nuestro ser. Como un perfume agradable, nos envuelve, en cierta medida nos transforma.

Es tanto el privilegio, no ganado sino absolutamente gratuito que nos da nuestro Padre, cuando misionamos, que cuesta salir del asombro y nos hace poner todas las ganas, todas nuestras fuerzas (nuestros talentos, pocos o muchos) al servicio de la Iglesia.

Por eso cuando estamos misionando tenemos una chance que no todos han recibido, tenemos la oportunidad concreta de ser Testigos del Amor entre los hombres y a su vez encontrarlo a El en cada persona que encontremos en el camino.

Nuestro principal desafío es llevar a nuestra vida cotidiana, al día a día, ese espíritu misionero.

Para ser Testigos de El 365 días por año, durante toda nuestra vida.

Bendito seas Señor, por habernos llamado a tan grande tarea, a pesar de todas nuestras limitaciones.
Bendito seas Señor, por permitirnos ser tus mensajeros.
Bendito seas Señor, por llamarnos amigos.
Bendito seas Señor, por quedarte con nosotros.
Bendito seas Señor.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Del dolor que causamos al Amor...



Cuando no somos lo que decimos ser,
cuando sentimos miedo, que es falta de fe,
cuando usamos al otro,
cuando confundimos amar con querer,
cuando esperamos que nos amen en vez de ocuparnos de hacerlo.

Cuando negamos nuestros principios,
cuando nuestra complicidad o silencio daña a otros,
cuando no somos fieles a nuestra fe,
cuando renegamos de la vida,
cuando descuidamos nuestros afectos.

Cuando nos sobran los viejos,
cuando nos molestan los niños,
cuando dudamos de los jóvenes,
cuando ignoramos los dolientes,
cuando nos creemos mejores que los demás.

Cuando no somos capaces de pedir perdón,
cuando la angustia nos invade,
cuando perdemos la esperanza,
cuando no somos capaces de decir: te amo.

Le causamos dolor al Amor.

lunes, 9 de febrero de 2009

Catequesis Kerigmática


DEFINICIÓN 
Primer anuncio del evangelio o predicación misional por medio del kerigma para suscitar la fe. CT18
El kerigma evangélico -primer anuncio lleno de ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe-. CT25

DISTINCION CON OTROS ELEMENTOS DEL MINISTERIO DE LA PALABRA 

a) Elementos diversos del Ministerio de la Palabra
El Ministerio de la Palabra toma diversas formas: en primer lugar la evangelización o predicación misionera que se propone suscitar la fe. Sigue la forma catequística. Luego la forma litúrgica (homilía). Por último la forma teológica. Es importante distinguir estas formas, cada una de las cuales obedece sus propias leyes, aún cuando guardan entre sí una íntima conexión" DCG17

b) Secuencia de Primer Anuncio y luego catequesis
Entre evangelización y catequesis no hay ni separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones estrechas de integración y complementaridad recíproca". CT 18
A la proclamación de la Buena Nueva ha de seguir una sólida catequesis a todos los niveles, particularmente en la familia y en los ambientes juveniles. La invitación a creer ha de ir acompañada por la oportuna instrucción acerca de todo aquello que el Señor, por medio de su Iglesia, ha querido enseñarnos. Sería un error catequizar sin haber evangelizado previamente, como lo sería igualmente evangelizar no atendiendo luego en modo suficiente a la instrucción recibida. Homilía en Veracruz 1990.

Gracias a la catequesis, el kerigma evangélico -primer anuncio lleno de ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe- se profundiza poco a poco, se desarrolla en sus corolarios implícitos, explicado mediante un discurso que va dirigido tambíen a la razón, orientado hacia la práctica cristiana en la Iglesia y en el mundo. CT25

La finalidad específica de la catequesis no consiste únicamente en desarrollar, con la ayuda de Dios, una fe aún inicial, sino en promover en plenitud y alimentar diariamente la vida cristiana de los fieles de todas las edades. Se trata en efecto de hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. CT20


IMPORTANCIA DEL KERIGMA

Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres, constituye la misión esencial de la Iglesia. EN14

El anuncio tiene la prioridad permanente en la misión: La Iglesia no puede substraerse al mandato explícito de Cristo; no puede privar a los hombres de la "Buena Nueva" de que son amados y salvados por Dios. RM44

En la compleja realidad de la misión, el primer anuncio tiene una función central e insustituible, porque introduce "en el misterio del amor de Dios, quien lo llama a iniciar una comunicación personal con él en Cristo" y abre la vía para la conversión. RM44
Revelar a Jesucristo y su Evangelio a los que no lo conocen: he ahí el programa fundamental que la Iglesia, desde la mañana de Pentecostés, ha asumido, como recibido de su Fundador. EN51


NECESIDAD DEL KERIGMA

Este primer anuncio que va dirigido de modo específico a quienes nunca han escuchado la Buena Nueva de Jesús o a los niños, se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana. EN52

La Iglesia tiene que dar hoy un gran paso adelante en su evangelización; debe entrar en una nueva etapa histórica de su dinamismo misionero. CL35

Pero el problema misionero se presenta actualmente a la Iglesia con una amplitud y con una gravedad tales, que sólo una solidaria asunción de responsabilidades por parte de todos los miembros de la Iglesia -tanto personal como comunitariamente- puede hacer esperar una respuesta eficaz. CL35

La fe cristiana aceptada pasivamente no ofrece ninguna garantía salvífica. El discípulo de Jesucristo debe dejarse guiar por el Espíritu de Cristo, actualizando en sí la existencia pascual del Hijo de Dios, para poder afirmar como el Apóstol "para mí la vida es Cristo". DT 348.

Los nuevos grupos religiosos son un clamos que nos desafía a ofrecer una Buena Nueva capaz de alcanzar las profundas esperanzas de los que pertenecen a la fe católica. DT 596.
Como la piedad popular marca de manera peculiar las culturas latinoamericanas... es indispensable continuar la tarea pastoral formulada en Puebla, asumiéndola, completándola y dinamizándola

LA NUEVA EVANGELIZACION Y EL KERIGMA

(A la Nueva Evangelización) En primer lugar la vinculamos con la evangelización perenne que consiste en anunciar la sustancia de la Buena Nueva de Jesucristo, y ha constituido desde siempre la "gracia y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda". La evangelización será nueva en la medida en que proponga con fidelidad esta única, perenne y absoluta novedad de Jesucristo, de quien la Iglesia es su sacramento evangelizador. DT 451

En comunión colegial con el Sucesor de Pedro los obispos adoptan la nueva evangelización como el reto esencial que los ha de llevar a afrontar la grandiosa tarea de infundir nuevas energías al cristianismo en América Latina. Ello implica dejarse interpelar por el Espíritu que les pide volver a la perenne novedad del Evangelio, al anuncio original del "Kerigma" cristiano como núcleo insustituible de la Buena Nueva, cuya energía escondida es capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre actual. No hay otra novedad que anunciar. DT 440.

Por lo mismo toda evangelización, antigua o nueva, ha de incluir en la sustancia de su dinamismo la clara proclamación de Jesucristo, salvación de Dios en la historia, revelación perfecta del Padre y realización de las promesas del Reino, con el cual Jesús se identifica totalmente. DT 441

El método de la nueva evangelización exige también calidad en nuestro anuncio universal del Evangelio: volver a predicar el Kerigma como núcleo de la Buena Nueva. DT 461

CONTENIDO Y METAS DEL KERIGMA 

SECUENCIA DE LAS METAS EN EL KERIGMA

Incorporados a Cristo por el Bautismo, se constituyen como Pueblo de Dios. Marcados en la Confirmación con el don del Espíritu, de tal manera son configurados con el Señor y llenos del Espíritu Santo que, llevando su testimonio al mundo, conducen al Cuerpo de Cristo a su plenitud. Participando finalmente en la Asamblea Eucarística, comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre para recibir vida eterna y expresar la unidad del Pueblo de Dios. OICA2

Aquellas palabras llegaron al corazón de los oyentes quienes preguntaron enseguida a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer hermanos? (Hch 2,37). La respuesta del Príncipe de los Apóstoles explica claramente el dinamismo de todo auténtico proceso de conversión y de agregación a la Iglesia. A la proclamación del Evangelio sigue la aceptación de la fe por parte de las catecúmenos en virtud de la palabra que mueve los corazones. A la confesión de la fe sigue la conversión y el bautismo en el nombre de Jesús, para la remisión de los pecados y para recibir la efusión del Espíritu Santo. Por medio del bautismo los creyentes son agregados a la comunidad de la Iglesia para vivir en comunión de fe, esperanza y amor. Homilía en Chalco, Edo. de México. 1990


PRIMERA PARTE: RENOVACION DEL BAUTISMO

1. CONTENIDO DEL ANUNCIO: AMOR Y SALVACION
La Iglesia no puede sustraerse al mandato explícito de Cristo; no puede privar a los hombres de la "Buena Nueva" de que son amados y salvados por Dios. RM44

-Amor del Padre
¡El hombre es amado por Dios! Este es el simplísimo y sorprendente anuncio del que la Iglesia es deudora respecto del hombre. La palabra y la vida de cada cristiano pueden y deben hacer resonar este anuncio: ¡Dios te ama, Cristo ha venido por ti; para ti Cristo es "el Camino, la Verdad y la Vida! CL34
Evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa de Dios, revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Este testimonio resulta planeamente evangelizador, cuando pone de manifiesto que para el hombre, el Creador no es un poder anónimo y lejano: es Padre. EN26
(Jesús) nos revela quién es este Dios al que llama con el término familiar "Abba", Padre. El Dios revelado sobre todo en las parábolas es sensible a las necesidades, a los sufrimientos de todo hombre; es un Padre amoroso y lleno de compasión, que perdona y concede gratuitamente las gracias pedidas. RM13
Todo hombre, por tanto es invitado a "convertirse" y "creer" en el amor misericordioso de Dios por él. RM13

-Salvación en Jesús
La persona, la vida y el mensaje de Jesucristo son el contenido central de la misión evangelizadora de la Iglesia, ya que toda su actividad y sentido consisten en llevar a la humanidad la salvación traída por Jesucristo. Sólo El tiene palabras de vida eterna, sólo El es el único mediador entre Dios y los hombres y Aquel por el que nosotros debemos salvarnos. Por tanto, es responsabilidad de los cristianos proclamar y conocer en profundidad la Persona, las acciones y las palabras de Jesucristo, y hacerlas vivas y actuantes en su existencia. También es tarea de la Iglesia, como "sacramento de salvación para el mundo" llevar a la humanidad el misterio de Cristo. DT 317

La Iglesia no puede dejar de proclamar que Jesús, vino a revelar el rostro de Dios y alcanzar, mediante la cruz y la resurrección, la salvación de todos los hombres. RM11

Sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los admirables horizontes de la filiación divina. RM11.
El anuncio tiene por objeto a Cristo crucificado, muerto y resucitado: en él se realiza la plena y auténtica liberación del mal, del pecado y de la muerte; por él, Dios da la "vida nueva", divina y eterna. Esta es la "Buena Nueva" que cambia al hombre y la historia de la humanidad, y que todos los pueblos tienen derecho a conocer. RM44

a) Salvación es liberación
Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del Maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. EN9

¡Si! Cristo y no otro es "el camino, la verdad y la vida" que da sentido y contenido a nuestra existencial. Lejos de él, queridos hermanos y hermanas, no hay verdadera paz, ni serenidad, ni auténtica y definitiva liberación, pues únicamente la gracia del Señor puede liberarnos de esa esclavitud radical que es el pecado; su palabra, su verdad nos hacen libres. Alocución en Durango, Méx.. 1990

b) Salvación es Cristo, muerto y resucitado por nosotros
La evangelización también debe contener siempre -como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo- una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios. No una salvación puramente inmanente, a medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal y se identifican totalmente con los deseos, las esperanzas, los asuntos y las luchas temporales, sino una salvación que desborda todos estos límites, para realizarse en una comunión con el único Absoluto, Dios, salvación trascendente, escatológica, que comienza ciertamente en esta vida, pero que tiene su cumplimiento en la eternidad. EN27
Anunciamos pues con fuerza al mundo que Cristo ha muerto y resucitado por nosotros, y que -como dice San Pablo- nosotros participamos de su muerte y resurrección por el bautismo. (Homilía en Veracruz, 1990)

No hay por tanto verdadera evangelización mientras no se anuncie claramente el nombre, la vida, las promesas, el Reino, el amor del Padre revelado en la humanidad visible de Jesús de Nazareth, el Ungido del Espíritu, por cuya muerte y resurrección se otorga la salvación a todos, especialmente a los pequeños, como don de la gracia y de la misericordia de Dios. DT 443.

2. RESPUESTA AL ANUNCIO: FE Y CONVERSION
La "Buena Nueva" tiende a suscitar en el corazón y en la vida del hombre la conversión y la adhesión personal a Jesucristo Salvador y Señor; dispone el Bautismo y la Eucaristía y se consolida en el propósito y en la realización de la nueva vida según el Espíritu. CL33

El anuncio de la Palabra de Dios tiende a la conversión cristiana, es decir, a la adhesión plena y sincera a Cristo y a su Evangelio mediante la fe. RM46

a) Fe - Adhesion a Cristo
La fe nace del anuncio. RM44
El Kerigma -anuncio lleno de ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe. CT25

La finalidad de la catequesis, en el conjunto de la evangelización es la de ser un periodo de enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la persona de Jesucristo como solo Señor y habiéndole prestado una adhesión global con la sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor a esa Jesús en cuyas manos se ha puesto. CT 20

(nota: la catequesis supone que el cristiano ha aceptado a Cristo en el primer anuncio evangelizador. Anuncio y Catequesis son dos elementos del conjunto de la evangelización, entendida en este caso como Ministerio de la Palabra)
La búsqueda y la adhesión a Cristo son el factor determinante para que el hombre viva y crezca. CL34

La adhesión a la persona de Jesucristo se realiza mediante un auténtico proceso iniciado por la fe en su poder de hacer milagros y expulsar demonios, por la fe en la autoridad de sus palabras, en fin por la fe en su Persona... DT 345

Dios ofrece al hombre esta vida nueva: ¿Se puede rechazar a Cristo y todo lo que él ha traído a la historia del hombre? Ciertamente es posible. El hombre es libre. El hombre puede decir no a Dios. El hombre puede decir no a Cristo. RM7

Esta vida nueva es un don de Dios, y al hombre se le pide que lo acoja y desarrolle, si quiere realizarse según su vocación integral, en conformidad con Cristo. RM7

b) Conversion
En la predicación apostólica, la exposición de los contenidos del mensaje cristiano, suscitaba en muchos la pregunta decisiva "¿Qué hemos de hacer hermanos?". Ya el día de Pentecostés, Pedro formula la respuesta: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el Nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el Don del Espíritu Santo". La Conversión a Cristo incluye un contacto sacramental con El en el bautismo. El hombre pecador es así sepultado en la muerte por el bautismo para que también por el basutismo resucite el hombre nuevo cristiano" DC 265

La conversión es un don de Dios, obra de la Trinidad; es el Espíritu que abre las puertas de los corazones, a fin de que los hombres pueden creer en el Señor y "confersarlo". RM46
Los apóstoles, movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo. RM47
La conversión a Cristo está relacionada con el bautismo, no sólo por la praxis de la Iglesia, sino por voluntad del mismo Cristo, que envió a hacer discípulos a todas las gentes y a bautizarlas RM47

SEGUNDA PARTE: RENOVACION DE LA CONFIRMACION 
Marcados en la Confirmación con el don del Espíritu de tal manera son configurados con el Señor y llenos del Espíritu Santo que, llevando su testimonio al mundo, conducen al Cuerpo de Cristo a su plenitud. (OICA2)

1. CONTENIDO DEL ANUNCIO: REINO DE DIOS Y DON DEL ESPIRITU

a) Reino de Dios (o Señorío de Jesús)
Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un Reino, el Reino de Dios; tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura. EN8
El Evangelio de Jesucristo penetró en México con el ardor apostólico de los primeros evangelizadores. Ellos anunciaron a Jesucristo crucificado y resucitado, constituído Señor y Mesías y atrajeron a la fe a las multitudes. (Homilía Basílica de Guadalupe, 1990)

Jesucristo se muestra a lo largo de su vida como el Señor del Reino, proclamándolo como ya presente, haciéndolo irrumpir por sus acciones, ligándolo a su Persona, presentándose como el juez escatológico, revelándose señor de la ley y su intérprete con autoridad. Resucitado y proclamado como Señor y Cristo (Hech 2,36), Hijo de Dios (Hech 9,20), participando del poder de Dios, de tal modo que los primeros cristianos anuncian el Reino de Cristo y de Dios (Ef 5,5), o bien el Reino eterno de nuestro Señor Jesucristo. DT 343

Es en el anuncio de Jesucristo, con el que el Reino se identifica, donde se centra la predicación de la Iglesia primitiva. Al igual que entonces, hoy también es necesario unir el anuncio del Reino de Dios (el contenido del "kerigma" de Jesús) y la proclamación del evento de Jesucristo (que es el "kerigma" de los Apóstoles). Los dos anuncios se complementan e iluminan mutuamente. RM16

Al resucitar Jesús de entre los muertos Dios ha vencido la muerte y en él ha inaugurado definitivamente su Reino. Durante su vida terrena Jesús es el profeta del Reino y, después de su pasión, resurrección y ascensión al cielo, participa del poder de Dios y de su dominio sobre el mundo" RM16

El designio divino es "hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. RM6

b) Don del Espíritu (para ser hermanos y testigos)
Se puede decir igualmente que él (El Espíritu Santo) es objeto (contenido) de la Evangelización: solamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir. EN75

-Espíritu de Verdad:
El (El Espíritu Santo) es quien explica el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. EN 75

-Fuerza de lo alto: para ser testigos.
Solamente después de la venida del Espíritu, el día de Pentecostés, los Apóstoles salen hacia todas las partes del mundo para comenzar la gran obra de evangelización de la Iglesia. EN75

Misión del Espíritu es también transformar a los discípulos en testigos de Cristo: "El dará testimonio de mí y vosotros daréis también testimonio". CT72

-Fuerza de lo alto, para edificar la comunidad.
El Espíritu mueve al grupo de los creyentes a "hacer comunidad", a ser Iglesia. Tras el primer anuncio de Pedro, el día de Pentecostés, y las conversiones que se dieron a continuación, se forma la primera comunidad. RM26

Del Espíritu proceden todos los carismas que edifican a la Iglesia, comunidad de cristianos. CT72

-Fuerza de lo alto, para crecer...
La catequesis que es crecimiento en la fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Espíritu Santo, obra que sólo El puede suscitar y alimentar en la Iglesia CT72


2. RESPUESTA AL ANUNCIO: CONSAGRACION AL REINO O AL SEÑORIO DE JESUS, APERTURA AL DON DEL ESPIRITU

a) Entrega al Señorío de Jesús
Efectivamente, el anuncio no adquiere toda su fuerza y significación más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión del corazón. En una palabra, adhesión al Reino, es decir, al "mundo nuevo", al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. (EN23)

El Reino de Dios no es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboración, sino que es ante todo una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible. RM 1

b) Apertura al Don del Espíritu.
y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemente con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar por él como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciativas, de su actividad evangelizadora. EN75

Que la pastoral urbana procure, en la pluralidad de sus actividades, conducir a los hombres y mujeres a una auténtica experiencia de Dios, fundamento último de su vida cristiana... Sin la confrontación con el Absoluto, sin este encuentro personal con Cristo, sin esta experiencia profunda del Espíritu, la vivencia cristiana carece de solidez y estabilidad. DT 660

TERCERA PARTE: CULMINACION DEL ANUNCIO: RENOVACION DE LA EUCARISTIA 

1. CONTENIDO DE LAS EXHORTACIONES.

a) DISCIPULOS: Perseverar en los medios de crecimiento cristiano
Efectivamente, el anuncio no adquiere toda su fuerza y significación más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión del corazón. Tal adhesión no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se manifiesta concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles. EN23

La Parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es "la familia de Dios, es como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad", "es una casa de familia, fraterna y acogedora", es la "comunidad de los fieles". CL26

Si es verdad que ser cristiano significa decir "si" a Jesucristo, recordemos que este "si" tiene dos niveles: consiste en entregarse a la Palabra de Dios y apoyarse en ella, pero significa también, en segunda instancia, esforzarse por conocer cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra. CT20

La proclamación del Evangelio debe ser completada por una específica catequesis de orden eclesial y sacramental. RM23

Todo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla en comunión con los que han dado el mismo paso. CT24
Uno de los objetivos centrales de la misión es reunir al pueblo para la escucha del Evangelio, en la comunión fraterna, en la oración y en la Eucaristía. RM26.

(Los cristianos) procuran agradar a Dios antes que a los hombres, dispuestos siempre a dejarlo todo por Cristo y a padecer persecución por la justicia, recordando las palabras del Señor: "Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" AS 4f

b) APOSTOLES: Apostolado intraeclesial e intrasecular.
El que ha sido evangelizado, evangeliza a su vez. He aquí la prueba de la verdad. La piedra de toque de la evangelización: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haga entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia" EN24

2. METAS DE LAS EXHORTACIONES.

a) PERMANECER EN COMUNIDAD.
Por la Evangelización la Iglesia es construida y plasmada como comunidad de fe. CL33

La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los doce. Es un fruto normal, deseado, el más inmediato y el más visible. EN15

Esta nueva evangelización está destinada a la formación de comunidades eclesiales maduras, en las cuales la fe consiga liberar y realizar todo su originario significado de adhesión a la persona de Cristo y su Evangelio. CL34

b) CULMINACION Y CENTRALIZACION EN LA EUCARISTIA
Con la celebración de la Eucaristía, la iniciación encuentra su consumación. Renovados en su interior, gustan más íntimamente la Palabra de Dios, viven la comunión con el Espíritu Santo y experimentan cuán suave es el Señor (OICA 37,38)

Las labores apostólicas, se ordenan a que todos, habiendo sido hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, se congreguen, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la Cena del Señor (Sacrosantum Concilium 10)
Los cristianos ya marcados por el Bautismo y la Confirmación, encuentran su inserción plena en el Cuerpo de Cristo, al recibir la Eucaristía. La Asamblea Eucarística es el centro de la comunidad cristiana, presidida por el sacerdote. (Presbyterorum Ordinis 5)



Abrebiaturas Utilizadas
AA - Apostolicam actuositatem
DMPO - Directorio para Ministerio Pastoral - Argentina
AG - AdGentes
DSD - Documento de Santo Domingo
CD - Christus Dominus
DT - Documento de Trabajo para Santo Domingo
CDC - Código de Derecho Canónico
LG - Lumen Gentium
CL - Chrfistifidelis Laici
LPNE- Líneas pastorales para la Nueva Evangelización - Argentina
CT - Catequesi Tradendae
PD - Documento de Preparación para Santo Domingo
DC - Documento de Consulta para Santo Domingo
RM - Redemptoris missio


Fuente: http://www.misiones.catholic.net/kerydoc.htm 

jueves, 5 de febrero de 2009

Mensaje de Cuaresma 2009



"Jesús, después de hacer un ayuno
de cuarenta días y cuarenta noches,
al fin sintió hambre".(Mat.4, 1-2)

 

¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor: la oración, el ayuno y la limosna, para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual).

En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2).

Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar.

Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y "la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto, concluye: "El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia" (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98).

Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos -dijo- delante de nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y los perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica" (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

En la Constitución apostólica “Pænitemini” de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos" (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primero y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos" (Confesiones, II, 10.18), en su tratado “La utilidad del ayuno”, escribía: "Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. “Deus caritas est”, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño.

Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: "Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención".

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. “Veritatis Splendor”, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical.

Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, “Causa nostræ laetitiæ”, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios".

Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

 

Vaticano, 11 de diciembre de 2008

Benedicto XVI

miércoles, 4 de febrero de 2009

Lirios de esperanza



Ante la angustia, reza para que vuelva la esperanza.
ante la amargura, pensa en Cristo en el calvario.
ante la incertidumbre, roga a Dios que te devuelva la fe.
ante el dolor, ofrecelo para redimir tus pecados y los de otros.
ante la pena, abrazala porque son los minutos que te toca llevar la cruz.
ante el abandono, encomendate al Padre, es cuando más cerca estás de El aunque no lo creas.
ante la soledad, no dudes de que Dios está con vos.
ante el miedo, apartalo de inmediato, pues el miedo es lo contrario al amor.
ante la vida, agradecele a Dios la oportunidad de haber nacido.

martes, 3 de febrero de 2009

Quien sabe...



quien sabe de soledades,
no se inquieta por el abandono.

quien sabe de fracasos,
no se asusta ante la adversidad.

quien sabe de engaños,
no se acobarda ante la verdad.

quien sabe de dolores,
no los sufre como condena.

quien sabe de luchas,
no se preocupa por el cansancio.

quien sabe que es pobre,
no espera un si, se sorprende cuando lo escucha.

quien sabe de angustias,
no reniega ante la realidad.

quien sabe de errores,
no pretende ser infalible.

quien sabe que no existe el destino,
no teme luchar por la libertad.

quien sabe que nada es porque si,
reconoce que hay un Dios.

jueves, 29 de enero de 2009

Amor



Quizas pocas veces en la historia se haya hablado tanto del amor y se haya conocido tan poco como en la actualidad.

Definitivamente todo el mundo cree conocerlo, lo defiende desde su punto de vista, lo confunde, lo condiciona, lo manipula y otros hasta se toman la libertad de negarlo, postulando que es una reacción química.

Entrar a definir desde el terreno de la filosofía el amor sería insuficiente y quizas hasta incomprensible para muchos, es por eso que intentaré llevarlo a lo que todos conocemos, al día a día...

Amor es levantarse temprano todos los días para atender a tu familia y llegar a la noche rendida(o) y que nadie te de un gracias y aún así estes feliz igual.

Amor es tener el poder de ver más allá del instinto y ver a las otras personas como tales, y entregarse sin esperar absolutamente nada a cambio.

Amor es quedarte al lado de tu hijo cuando tenias planificado algo divertido por el solo hecho de que esta asustado, tiene fiebre o simplemente porque sus ojitos te lo pidieron silenciosamente.

Amor es dejar las comodidades y sacrificar la vida en servicio por los demás.

Amor es agarrar tu cruz con fuerza y no soltarla, precisamente porque otro debería llevarla por ti.

Amor es la capacidad de negar tus propios gustos, tus propios deseos en pos del bienestar y la salud espiritual de los que te rodean.

Amor es preocuparse por la felicidad del otro, resignando la tuya.

Amor es guardar prudente silencio, cuando tus respuestas serían dagas en el alma del otro.

Amor es construir el futuro con fe a pesar de los demás y de sus acciones devastadoras.

Amor es la esencia del ser humano y mientras no lo descubras, te vas a sentir perdido en este mundo y no vas a encontrale sentido a la vida.

Es el Amor el que hace nuevas todas las cosas.

Es el Amor lo único que te hace ser a ti.


lunes, 26 de enero de 2009

Jesús la única Verdad


Te paso un corto video (que pude ver en una de mis páginas favoritas) para entender porque Jesús es la Verdad. La única Verdad.


hace clic acá

Que lo disfrutes.

Paz y Bien!

miércoles, 14 de enero de 2009

Hijos: de amor y de limites



Muchas veces cuesta entender como personas maduras (o que deberían serlo) actúan como por instinto, cuando de educar a sus hijos se trata.

Es común en estos días que los padres no pongan límites en la educación de sus hijos, ejemplos sobran, desde pequeños que hacen berrinches a sus padres en los shopping y supermercados a jóvenes que insultan a sus padres y hacen lo que se les da la gana sin consultarles siquiera.

Productos de una sociedad que confunde de forma manifiesta, la libertad y el libertinaje. Algunos creen, respaldados en sistemas educativos que se basan en modelos psicológicos permisivos y que ningún resultado serio han arrojado, que una persona se puede autoeducar: falso.

Ya dicen los antiguos escritos que el respeto incondicional a los padres es la base de la felicidad en la propia ancianidad. Y es cierto.

Te invito a que pienses en niños y jóvenes que conozcas que hayan sido mal educados en un sistema permisivo liberal y analices seriamente las posibilidades que tienen de conseguir formar una familia estable, mantener un buen trabajo o liderar una organización. Son bajísimas sus chances, si no conoce la disciplina, la obediencia, el sacrificio, la entrega y el respeto ¿que podrá hacer ese pobre individuo en su vida adulta?

Aprendamos de la pedagogía de Dios, quien con infinita ternura pero con prudencia y ocupándose de su pueblo, lo ha ido educando a lo largo de los siglos. Esclavitud, exilio y penurias han enseñado al hombre que la libertad debe ser responsable, porque de otra forma el precio a pagar es insoportable.

Si alguien siente que es un poco duro el artículo puede comprarse una mascota para malcriarla, pero con los hijos no se experimenta.

Amemos a nuestros hijos, eduquemos con responsabilidad y limites que los hagan crecer como personas, después de todo es la hermosa misión que Dios nos ha encomendado.

lunes, 5 de enero de 2009

Del peligro del fanatismo religioso...



Conversando con un amigo este fin de semana, mientras viajábamos para compartir una carrera de rally y un asado junto a su hijo y los mios, analizábamos el peligro que encierra el fanatismo religioso.

Me comentaba de las presiones que había sufrido cuando por buscar a Dios, se había acercado a un grupo religioso. Básicamente era un hostigamiento dogmático, sistemático e inagotable. Desde las simples normas de no hacer, hasta las más dañinas de tortura psicológica, que incluían el hacer sentir culpable a alguien que sale de vacaciones y no acude al templo ese fin de semana.

Cuando hablaba con mi amigo, agradecía en silencio el haber nacido católico, a mi modesto entender no debe haber otra religión más libre en ese sentido que la nuestra.

Cristo fue muy duro contra los fariseos, precisamente porque oprimían al pueblo con mandamientos inventados, con falsa piedad y con una soberbia abismal.

Podes ser católico practicante y tomarte un vaso de vino, ir a una fiesta, bailar, divertirte sanamente. Podes ser feliz y católico a la vez. Esa libertad que tenemos es en la mayoría de las otras religiones coartada  y ni hablar de las sectas donde el modelo de libertad queda absolutamente reducido a los caprichos de los lideres.

Peor aún, en aquellas religiones donde le dan cabida a la violencia y a la discriminación, pasando a humillar y obstruir el crecimiento espiritual de los demás.

Un demostración más de que la verdadera religión, como dice el catecismo, es la católica.

Paz y bien!