lunes, 3 de septiembre de 2012

ENTREVISTA REALIZADA AL CARDENAL C. M .MARTINI POR GEORG SPORSCHILL SJ, Y FEDERICA R. FOSSATI CONFALONIERI. 8 DE AGOSTO 2012. Corriere della Sera .




¿Cómo ve la situación de la Iglesia? 
"La Iglesia está cansada  en Europa y América. Nuestra cultura ha envejecido, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y la burocracia de la Iglesia, aumenta. Nuestros rituales y nuestra ropa son pomposos. ¿Expresan estas cosas lo que somos hoy en día? (...) El bienestar nos pesa. Nos quedamos ahí, como el joven rico que se fue triste cuando Jesús lo llamó para hacerle su discípulo. Sé que no podemos dejarlo todo con facilidad, pero por lo menos podríamos buscar hombres que fueran libres y cercanos al prójimo como fueron el obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están los héroes que nos inspiran? Por ningún razón debemos limitarlos con las trabas de la institución ".

¿Quién puede ayudar a la Iglesia hoy en día? 
"Al  padre Karl Rahner les gustaba usar la imagen de las brasas escondidas bajo las cenizas. Lo que veo en la Iglesia de hoy es tanta ceniza sobre las brasas que a menudo me invade una sensación de impotencia. ¿Cómo se puede liberar el fuego de la ceniza con el fin de reavivar la llama del amor? Primero tenemos que buscar este fuego. ¿Dónde están esas personas llenas de generosidad como el buen samaritano? ¿Quién tiene fe como el centurión romano? ¿Quiénes son entusiastas como Juan el Bautista? ¿Quiénes  se atreven con lo nuevo como Pablo? ¿Quiénes son fieles como María Magdalena? Aconsejo el Papa y los Obispos a buscar a doce personas “de fuera” para los ocupar lugares de dirección. Hombres que estén cerca de los más pobres, que estén rodeados de jóvenes y que experimenten cosas nuevas. Necesitamos  la comparación con hombres que ardan, para que el espíritu pueda difundirse por todas partes.”
 
¿Qué herramientas se recomienda contra la fatiga de la Iglesia?

"Yo recomiendo tres muy fuertes. La primera es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus errores y seguir un proceso de cambio radical, empezando por el Papa y los obispos. Los escándalos de pedofilia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas acerca de la sexualidad y todos los temas relacionados con el cuerpo son un ejemplo. Estos son importantes para todo el mundo y, en ocasiones, tal vez son demasiado importantes. Debemos preguntarnos si la gente sigue escuchando los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿En este campo la Iglesia sigue siendo una autoridad o sólo es ya una caricatura en los Medios? La segunda es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano devolvió la Biblia para los católicos. (...) Sólo la persona que percibe en su corazón esta palabra puede ser parte de los que ayudan a la renovación de la Iglesia y responderán a las preguntas personales con una elección acertada. La Palabra de Dios es simple y busca como compañero un corazón que escuche (...). Ni el clero ni el derecho Canónico  pueden sustituir a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, leyes, dogmas, son elementos para aclarar la voz interior y el discernimiento de los espíritus. ¿Para qué están los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de sanación. Los sacramentos no son una herramienta para la disciplina, sino una ayuda a los hombres para el camino y las flaquezas de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a las personas que necesitan fuerzas renovadas? Pienso en todas las parejas divorciadas y vueltas a casar, en las  “familias extendidas”. Esta gente necesitas necesita una protección especial. La Iglesia está a favor de la indisolubilidad del matrimonio. Es una gracia cuando un matrimonio y una familia están en peligro (...). La actitud que tomemos hacia las familias extendidas determinará la cercanía de la Iglesia a la generación de los hijos. Una mujer fue abandonada por su marido y tiene una nueva pareja que cuida de ella y sus tres hijos. El segundo amor fracasa. Si esta familia es objeto de discriminación, se corta, no sólo a la madre sino también a sus hijos. Si los padres están fuera o no sienten el apoyo de la Iglesia, esta perderá la próxima generación. Antes de la Comunión oramos: "Señor, no soy digno ." Sabemos que no somos dignos (...). El amor es la gracia. El amor es un regalo. Hay que darle la vuelta a la pregunta de si  los divorciados pueden tomar la Comunión. ¿ [la cuestión es] Cómo puede la Iglesia llegar a ayudar con el poder de los sacramentos a los que tienen situaciones familiares complejas? "

¿Qué  es lo que hace usted personalmente? "La Iglesia se ha quedado atrás 200 años. ¿Cómo no vamos a agitarnos? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valor? Sin embargo, la fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza y el valor. Yo soy ya viejo y enfermo y dependo de otros. La buena gente a mi alrededor me hace sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que a veces se percibe hacia la Iglesia en Europa. Sólo el amor vence la fatiga. Dios es amor. Todavía tengo una pregunta para ti: ¿Qué puedes hacer tú por la Iglesia "?. 

domingo, 29 de abril de 2012

Jesús, nuestro Buen Pastor


Jesús es nuestro Buen Pastor, porque tiene la autoridad del amor incondicional.


Un pastor para ser bueno debe ser capaz de dar su vida por sus ovejas. De cuidarlas, de contenerlas ante el miedo, de arriesgarse para que los peligrosos lobos no las devoren.


Tu también puedes ser buen pastor de aquellos a los que Dios te ha confiado.


Si enseñas cuidando a tus alumnos,
si das trabajo protegiendo a tus colaboradores,
si tienes un rol público cuidando honestamente la gente encomendada,
si eres padre o madre de familia cuidando, protegiendo y mimando a tus hijos,
si eres sacerdote, religioso o religiosa, es tu vocación principal ser buen pastor.


Ayudemos al Buen Pastor a cuidar a sus ovejas, a las pocas o muchas que nos encomienda a todos en nuestra vida.


Para que El nos de su Vida Eterna.


Felicidades a todos los que trabajan por el Reino cuidando a los más pequeños.

lunes, 5 de marzo de 2012

Recibieron gratuitamente, den gratuitamente



Queridos hermanos y hermanas:

Uno de los peligros más grandes que nos acechan es el "acostumbramiento". Nos vamos acostumbrando tanto a la vida y a todo lo que hay en ella que ya nada nos asombra; ni lo bueno para dar gracias, ni lo malo para entristecernos verdaderamente.

Me causó asombro y perplejidad preguntarle a un conocido como estaba y que me respondiera: "mal pero acostumbrado".

Nos acostumbramos a levantarnos cada día como si no pudiera ser de otra manera, nos acostumbramos a la violencia como algo infaltable en las noticias, nos acostumbramos al paisaje habitual de pobreza y de la miseria caminando por las calles de nuestra ciudad, nos acostumbramos a la tracción a sangre de los chicos y las mujeres en las noches del centro cargando lo que otros tiran. Nos acostumbramos a vivir en una ciudad paganizada en la que los chicos no salen a rezar ni hacerse la señal de la cruz.

El acostumbramiento nos anestesia el corazón, no hay capacidad para ese asombro que nos renueva en la esperanza, no hay lugar para el reconocimiento del mal y poder para luchar contra él.

Por otra parte suele suceder que sobrevienen momentos tan fuertes que, como un shock, nos sacan del acostumbramiento malsano y nos ponen en la brecha de la realidad que siempre nos desafía a un poco más: por ejemplo, cuando perdimos a alguien algo muy querido solemos valorar y agradecer lo que tenemos y que, hasta un momento antes, no lo habíamos valorado lo suficiente. En el camino de la vida del discípulo la Cuaresma se presenta como ese momento fuerte, ese punto de inflexión para sacar el corazón de la rutina y de la pereza del acostumbramiento.

Cuaresma, que para ser auténtica y dar sus frutos, lejos de ser un tiempo de cumpli-miento es tiempo de conversión, de volver a las raíces de nuestra vida en Dios. Conversión que brota de la acción de gracias por todo lo que Dios nos ha regalado, por todo lo que obra y seguirá obrando en el mundo, en la historia y en nuestra vida personal.

Acción de gracias, como la de María, que a pesar de los sinsabores por los que tuvo que pasar, no se quedó en la mirada derrotista sino supo cantar a las grandezas de Señor.

La acción de gracias y la conversión caminan juntas. "Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca" proclamaba Jesús al inicio de su vida pública. Sólo la belleza y la gratuidad del Reino enamoran el corazón y lo mueven verdaderamente al cambio. Acción de gracias y conversión como la de todos los que recibieron gratuitamente de manos de Jesús la salud, el perdón y la vida. Jesús al enviar a sus discípulos a anunciar ese Reino les dice: "den también gratuitamente". El Señor quiere que su Reino se propague mediante gestos de amor gratuito. Así los hombres reconocieron a los primeros cristianos portadores de un mensaje que los desbordaba. "Recibieron gratuitamente, den también gratuitamente". Quisiera estas palabras del Evangelio se graben de un modo muy fuerte en nuestro corazón cuaresmal. La Iglesia crece por atracción, por testimonio, no por proselitismo.

Nuestra conversión cristiana ha de ser una respuesta agradecida al maravilloso misterio del amor de Dios que obra a través de la muerte y resurrección de su Hijo y se nos hace presente en cada nacimiento a la vida de la fe, en cada perdón que nos renueva y sana, en cada Eucaristía que siembra en nosotros los mismos sentimientos de Cristo.

En la cuaresma, por la conversión, volvemos a las raíces de la fe al contemplar el don sin medida de la Redención, y nos damos cuenta que todo nos fue dado por iniciativa gratuita de nuestro Dios. La fe es don de Dios que no puede no llevarnos a la acción de gracias y dar su fruto en el amor. El amor hace común todo lo que tiene, se revela en la comunicación. No hay fe verdadera que no se manifieste en el amor, y el amor no es cristiano si no es generoso y concreto. Un amor decididamente generoso es un signo y una invitación a la fe. Cuando nos hacemos cargo de las necesidades de nuestros hermanos, como lo hizo el buen samaritano, estamos anunciando y haciendo presente el Reino.

Acción de gracias, conversión, fe, amor generoso, misión son palabras claves para rezar en este tiempo, al mismo tiempo que vamos encarnándolas a través del Gesto Solidario Cuaresmal que tanto ha edificado durante estos últimos años a nuestra Iglesia porteña. Les deseo una santa Cuaresma. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, por favor, les pido que recen por mí. Fraternalmente,

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Buenos Aires, 22 de febrero de 2012
Miércoles de Ceniza

viernes, 16 de diciembre de 2011

Tiempo de Navidad



Navidad para todos significa algo, que no necesariamente es el sentido cristiano de esta gran fiesta.

Muchos se dan cuenta de que perdieron el año realizando actividades sin trascendencia, viviendo so propia vida como espectadores. Grandes conocedores de todos los acontecimientos mediáticos, de sus personajes exóticos y de una vida no propia, totalmente ajena y vista a través de una pantalla. Cuando llega el momento de evaluarse seguramente sienten la boca con sabor amargo, si es que se dan cuenta.

Muchos pasan esta fecha ensimismados tratando de ordenar su mente, su vida, sus cuentas en unos pocos días, pensando que lo que no fueron capaces de hacer en un año, por arte de magia lo resolverán en pocos días.

Otros ni siquiera se dan cuenta de la fecha. Están tan llenos de un sin fin de prejuicios, de egoísmos, de vicios, de yoismo y tan vacíos de trascendencia que no logran siquiera acercarse al verdadero sentido de la vida.

Porque la Navidad es puramente eso: descubrir el sentido de la vida humana, de la dignidad del hombre y de su trascendencia a la eternidad.

Efectivamente si el hombre no fuera un ser de dimensión material y espiritual, la Segunda Persona de la Trinidad no se hubiera encarnado.

Solo se puede entender la Encarnación desde la generosidad infinita del Padre, desde la obediencia amorosa del Hijo y por la eterna defensa del Espíritu Santo. En fin por el incansable y misericordioso sostenimiento de nuestro ser por la Santísima Trinidad.

Cuando comenzamos a darnos cuenta de esa locura de amor que siente Dios por el hombre, nos cuesta muchísimo tratar de entender al hombre moderno que vive como si sus congéneres fueran enemigos y como si Dios fuese un mito de gente ignorante.

Sistemáticamente gran parte de la sociedad se encarga con sus actos, creencias, supersticiones y actitudes de negar la dignidad del ser humano. Esa dignidad nos llega por ser hijos adoptivos del Padre y hermanos de Jesús.

La Navidad es el recordatorio de nuestra dignidad como hijos de Dios. A pesar de nuestras pequeñeces y miserias Jesús se entregó por nosotros.

Desde el preciso instante que la primer célula de nuestro Señor estuvo en el seno de María, la raza humana fue rescatada del poder del enemigo. Desde ese supremo momento hasta la agonía y muerte en la cruz, Cristo no paró un segundo de mostrarnos cual es la vocación del hombre: el Amor mismo, Dios mismo.

Agradezcamos con una oración, un acto de caridad o un gesto que le devuelva la esperanza a alguien triste, este hermoso regalo celestial que es la Navidad.

No dejemos que otra vez la fecha nos sorprenda comprando, corriendo, cansándonos de tanto hacer y olvidándonos que ese día maravilloso hay que celebrar nuestro ser, porque hasta el mismo Dios quiso ser uno de nosotros.

jueves, 18 de agosto de 2011

Discurso del Papa en JMJ: edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo


Queridos amigos:

Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia y Europa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido de otros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir. El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.

Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida.

Muchas gracias.

Benedicto XVI



sábado, 6 de agosto de 2011

El sufrimiento: una escuela de la misericordia

El sufrimiento: una escuela de la misericordia

“Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado. Escándalo para los judíos, necedad para los gentiles. Mas para los llamados, un Cristo fuerza de Dios, sabiduría de Dios. La predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, la fuerza de Dios es sabiduría de Dios.”

1º Corintios 1; 17 - 18

Esta catequesis va dedicada particularmente a quienes de una u otra forma sienten que en su vida hay sufrimiento: los privados de la libertad, los enfermos, los que están pasando momentos duros en la vida familiar, matrimonial, laboral; los jóvenes que sufren el dolor de la adicción a la droga y al alcohol; quienes padecen la esclavitud de la prostitución...

Esta catequesis nos permite vivir el sufrimiento como un lugar donde el corazón se abre a la vivencia de la misericordia como el mejor rostro con el que nos podemos encontrar con el Dios de la Vida.

Es un misterio lo que nos plantea San Pablo en la lectura de hoy, porque para algunos la cruz es una situación escandalosa, una piedra de tropiezo; para otros, necedad; para muchos una tontería, debilidad, un mal que hay que evitar a toda costa, caída. Para otros es un lugar de elevación.

Así se cumple aquella profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús en el templo, cuando le dijo a la Virgen María: “Éste está puesto como un signo de contradicción. Para unos va a ser caída, para otros un lugar para ponerse de pie.”

Es en esta última dimensión, la de ponernos de pie, donde queremos aprender a encontrarnos con el Cristo doliente, presente en los sufrimientos de nuestra propia vida. Jesús, que yace bajo el signo del dolor, asumiendo las cargas de nuestras culpas y nuestros pecados, nos invita a entrar en una dimensión distinta para transformar el dolor en una fuente de vida.

Es el camino de la misericordia: tomar de la puerta que se abre delante de nosotros bajo el signo del dolor las gracias que Dios nos tiene preparadas; allí donde nos parece imposible encontrar nada bueno, de lo cual nos quejamos y lo rechazamos, con lo que nos resulta difícil amigarnos. Porque no estamos hechos para el dolor y, sin embargo, forma parte de nuestra vida; y el asumirlo para transformarlo es el desafío más hermoso que tenemos por delante. Negarlo es una necedad. Así lo dice claramente San Pablo: “quien niega el dolor es un necio”.

El primer grito que un hombre pega cuando aparece a la vida es de dolor, por lo que le supone salir del seno materno y encontrarse de pronto en un lugar distinto, en el mundo. El último grito también es de dolor. Padece el hombre mientras va transitando la etapa final de su vida, al dejar este espacio para meterse definitivamente en el seno de la Santísima Trinidad. El dolor nos acompaña al nacer, mientras dura nuestra vida y al morir. Somos necios si negamos el dolor.

¿Cómo hacer del dolor un lugar de aprendizaje del que podamos sacar provecho?

Para los sencillos de corazón, elevados más allá de sus expectaciones y añoranzas terrenas, permitiendo que el Espíritu Santo ilumine su conciencia de límite para comprender las cosas con la luz de honda inteligencia que Él da, para ellos la cruz y el sufrimiento es un lugar de fortaleza, es sabiduría y manifestación del amor de Dios.

Las consecuencias que el pecado ha dejado en la humanidad son dolor, sufrimiento, muerte, enfermedad, desencuentro, catástrofes. ¿Qué hace el Hijo de Dios? Él, que no tiene pecado, junto a María que tampoco tiene pecado, carga sobre sí estas consecuencias. Y nos invita a nosotros a cargar este peso, para sacarlas del medio y también para darnos a conocer que junto a Él el yugo se hace liviano, suave.

Ordenar la vida desde lo hondo supone hacerse uno con Jesús desde el misterio de la cruz y cargar sobre nosotros la responsabilidad de poner las cosas en su lugar. No es a los manotazos ni rechazando al sufrimiento como podremos transformar nuestra vida bajo el signo de alianza con el que Dios pensó desde siempre nuestra historia.

El momento de dolor por el que atravesamos es una oportunidad para hacernos cargo. Hay que entrar por estos “dolores de parto” imposibles de evitar y, dejando que Jesús nos enseñe a cargar con ellos como un “yugo suave y liviano”, vamos a encontrar lo que estamos buscando como camino de felicidad.

El amor permite hacer del sufrimiento una escuela de vida. El amor nos permite madurar en el dolor; es la fuente más rica para entender el sentido del sufrimiento, que es y será siempre un misterio. Para descubrir este misterio debemos detenernos y contemplar la cruz de Jesús y su entrega de amor. Es por amor y desde el amor hasta el extremo que Jesús padece su Pasión. Es un amor que, lejos de ser infecundo, transforma el sufrimiento de la cruz. Por sus llagas hemos sido sanados.

Juan Pablo II decía que la cruz de Cristo arroja una luz completamente nueva sobre el misterio del dolor, dándole otro sentido al sufrimiento humano. Y lo decía alguien que nos despierta credibilidad, porque Karol Wojtila entendió, desde muy pequeño, que el dolor vivido no desde el resentimiento sino desde la entrega, la aceptación y el amor, es una escuela infinita de misericordia.

Para leer el sentido más profundo del sufrimiento tenemos que detenernos frente a las figuras de estos grandes hombres santos, que nos muestran e indican el camino por el que les viene la sabiduría: el misterio de la cruz. Desde la cruz se contempla mejor el cielo que llega con señales de misericordia para nosotros. Juan Pablo II, tras el atentado contra su vida, en cuanto salió de la clínica fue a visitar a su agresor, para ofrecerle su perdón.

“Porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna.”

En estas palabras de Jesús, del Evangelio de Juan, podemos reconocer que la acción de salvación de Dios está en la liberación de la fuerza del mal y del sufrimiento definitivo.

Dios nos quiere felices, pero con una felicidad que asume al dolor.

Dios no nos quiere sufriendo, pero no nos quita el sufrimiento, sino que nos dice que en el medio del dolor se puede ser feliz. “Bienaventurados los que lloran. Bienaventurados los pobres. Bienaventurados los perseguidos. Bienaventurados los que trabajan y luchan por la paz.” Bienaventurados los que pasamos por el camino de la cruz y encontramos en el sufrimiento la presencia de un Dios que no nos abandona, más aún, que resignifica y da sentido a lo que hasta el momento no tenía sentido.

Dios ha venido a dar respuestas a nuestros interrogantes sobre el dolor. El amor es lo que nos permite entrar por esta puerta que nos conduce a la escuela del sufrimiento como escuela de misericordia. Y este amor es de Dios. Esta fuerza viene de lo alto.

Ante el dolor que nos supone la situación actual de nuestra Patria, teniendo enfrente un escenario de tanta conflictividad, no nos queda otra alternativa que “hacernos cargo”. No podemos decir “¿¡Hasta cuándo esto?!”. Hasta que logremos salir adelante. No podemos entrar en esta situación tan crítica sino por una fuerza que nos asista desde el cielo, que nos permita vivir lo que estamos viviendo bajo un signo distinto al de la derrota y el sinsentido.

Los argumentos del tipo “nosotros siempre lo mismo, los argentinos no aprendemos nunca...”, los discursos de la depresión nacional, no nos sirven. Sólo nos sirve el discurso de la esperanza, de que detrás de esto hay un mañana si sabemos asumirlo desde un lugar nuevo, desde el amor que nos permite afrontar lo que debemos afrontar, para sacar provecho de lo que desde hace tiempo no sacamos provecho. De las situaciones críticas que, cuando no las resolvemos, terminan por repetirse. ¿O acaso no estamos en un escenario con algunas semejanzas al del 2001?. Coyunturas y características distintas, pero un mismo problema de fondo no resuelto.

Lo mismo sucede en la vida personal: cuando no sabemos resolver los problemas de fondo, en algún momento del camino se presentan de nuevo, como pidiendo respuestas. Uno los puede acallar por un tiempo, pero la falta de respuestas ante las preguntas sobre la vida y su sentido hacen que los interrogantes reaparezcan una y otra vez, como diciendo “aquí estoy, a mí no me dieron una respuesta”.

Para asumirnos necesitamos el amor, que nos posibilite hacernos cargo de lo que nos pasa. Ésta es nuestra cruz, que no es una situación de derrota sino escuela de vida y de misericordia.

El dolor forma parte de nuestra existencia, pero no puede ser la última palabra ni el último capítulo de la historia. El dolor abrazado con amor es poderosamente fecundo.

Juan Pablo II en Salvifici dolori dice que los testigos de la cruz han transmitido a la Iglesia y a la humanidad un evangelio específico, el del sufrimiento, escrito por el propio Redentor con su pasión asumida por amor, para que el hombre tenga la vida. Esa experiencia se ha convertido en un rico manantial para cuantos han participado de los sufrimientos de Jesús, para esa primera generación de discípulos, y luego para quienes los fueron sucediendo a lo largo de los siglos. Como una corriente de vida que brota de la cruz, que permite que quienes viven un hondo dolor puedan asumirlo.

Por más que el dolor no se puede entender ni explicar ni fundamentar, a través de un acto de fe puedo transformar lo que me hace sufrir, lo que no me deja vivir en paz.

¿Qué sentido tienen el dolor, el sufrimiento, la muerte?

Sólo el dolor que es abrazado y ofrecido por amor y con amor, es fecundo. “Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto.”

Juan Pablo II nos dice en Evangelium vitae que la plenitud del evangelio de la vida está en el árbol de la cruz. El sufrimiento es un misterio de amor, es un lugar de vida que se convierte en una invitación de Jesús para seguirlo y colaborar con Él en la salvación del mundo y en el triunfo final de las fuerzas del bien sobre la acción del mal que pugna por destruir la obra del Creador y del Redentor.

Sólo el amor es fecundo y termina con la esterilidad del alma. Sólo el amor permite que, más allá de nosotros mismos, encontremos razones para explicar lo que no se puede explicar: llamados a la felicidad y a la vida, padecemos el dolor y la muerte. Si el amor no nos traspasa, la vida en nosotros no se hace fecunda.

El evangelio del sufrimiento es un punto clave en la buena noticia. Tiene un poderoso valor, aunque escondido y por eso es necesario descubrirlo. Como decía el apóstol Pablo, nosotros predicamos a un Cristo crucificado. Para los que se pierden es una necedad, pero para los llamados es la fuerza de Dios.

Fuente: Radio Maria

domingo, 24 de abril de 2011

Que la Paz del Resucitado sea contigo



Para vos que estas lejos y a la vez muy cerca,
para vos que haces lo correcto aunque sea muy doloroso,
para vos que haces el bien aunque tu alma quede muy lastimada.

Para vos que caminas por sendas de justicia,
que cuando te desvías, humildemente aceptas tu error
y sigues las huellas del Nazareno.

Para vos que donde los demás ven cataclismos,
vos ves la oportunidad de un mundo mejor.
Mas humano y más divino.

Para vos que no te cansas de hacer el bien,
para vos que reniegas cuando los medios emiten una sarta
de basura barata y llena de muerte.

Para vos que no te rendís y día a día trabajas por los demás,
día a día te esfuerzas en conocerlo más a El, en la Sagrada Escritura,
que día a día rezas sin perder la esperanza de ser oído.

Para vos que amas sin esperar nada a cambio,
aún sabiendo que jamás serás correspondido.

Que la paz del Resucitado sea contigo.

Aleluia, aleluia, aleluia.


viernes, 8 de abril de 2011

Cuaresma Tiempo de Conversión



Cuaresma es tiempo de conversión.

¿pero que es convertirse?

según el diccionario es básicamente que algo o alguien se transforme en algo distinto de lo que era. Entonces la pregunta que nos debemos hacer es:

¿estamos convertidos?

¿en qué?

¿desde cuando?

Si llegaras a descubrir que en algún momento de tu vida has tenido la suerte de experimentar un encuentro intimo y personal con Dios, tal vez puedas responder las preguntas anteriores.

Vamos a partir del supuesto de que tuviste ese encuentro intimo con Dios en la Persona de Jesús, que alguien te dio la Buena Noticia alguna vez en tu existencia.

La pregunta que surge es ¿qué hiciste con esa Buena Noticia?

La escuchaste, te entusiasmaste y luego seguiste tu vida exactamente igual que antes? Cuidado el Evangelio no es información, muchos menos una receta o un conocimiento destinado a darte poder sobre los demas.

El Evangelio es letra viva, que si no se hace carne en tu vida no tiene razon de ser. No es simplemente otro libro más, como cualquier libro de motivación de esos que colman los escaparates de las librerías. Eso no es el Evangelio!

Si el haber recibido esta Buena Noticia no te hace cambiar y Vivir de una forma diferente, configurando tu existencia con la forma de ser de Jesús no tiene sentido, te mientes, no estas en proceso de conversión.

No tiene sentido que digas ser cristiano si no eres otro Cristo para los demás.

No es conveniente ni lógico que asistas a las liturgias de tu iglesia, sin que en lo cotidiano vivas lo que dices creer. Te harás mas daño a ti mismo y a los demás si dices ser cristiano y vives peor que un pagano. De esa manera no ayudas a construir el Reino, más bien te dedicas a robarle la esperanza a los que te rodean.

Si no eres capaz de vivir de acuerdo al Evangelio, no hables de Dios: cierra la boca.

Se coherente entre lo que crees, lo que piensas y lo que haces. Aunque tus posturas sean radicales. Los profetas lo fueron mucho antes que tu y todos terminaron mal a los ojos de los hombres y santificados a los ojos del Padre.

No aceptes la inmoralidad, la frivolidad, la mentira, lo antinatural, la indiferencia y la suciedad que pretenden día a día tantos los políticos, como los medios de comunicación social y hasta tus conocidos de hacerte creer que es "normal".

No negocies tus creencias, no aceptes lo que es repugnante a tu razón, porque afortunadamente Dios nos ha dado la capacidad de que lo malo nos repugne y lo bueno nos atraiga. Ante tanta falta de valores y tanto relativismo es bueno tener esa herramienta de decisión gratuita a mano.

No te apartes de lo ético, de lo moral, de lo natural. El enemigo del género humano aprovechará cualquier debilidad que tengas para confundirte y hacerte uno de los suyos. Resiste!

Descubre tus debilidades y hazte fuerte en la oración.

Analiza tus pecados y busca donde empiezas a caer en la tentación y busca ayuda para no arriesgarte a pecar. Tu conoces tus limites, muy en el fondo sabes que sin Dios nada puedes y con EL todo lo puedes. No seas soberbio, apartate de las ocasiones de pecado y acercate a María en los momentos dificiles, ella es la Madre que nunca defraudo a nadie que le pidiera ayuda sincera y de corazón.

Estamos en el tiempo correcto para empezar a convertirnos, todo está tan podrido, tan relativo, tan sin sentido y tan sucio, que aunque tus gestos sean pequeños van a brillar. Como un pequeño trozo de oro brilla cuando cae el lodo, asi tu camino de conversión hará que los demás puedan distinguir el bien del mal y cuestionen su propia vida. Ese el primer paso.

No importa cual sea tu crecimiento espiritual actual. Ojo con creer que ya estas convertido. Eso es imposible, pues todo ser humano siempre se puede acercar más a Dios. Los hombres tenemos la bendición que mientras respiramos estamos en proceso de conversión, cuando mueras ya será tarde.

Hace pocas noches atras me preguntaron porque sigo siendo igual que antes... Eso claramente es un signo de que mi conversión es insuficiente y que debo orar más, compartir más, juzgar menos, ser más humilde y abrir más mi vida a lo que Dios espera de ella.

Escuchemos esa voz que clama en este desierto y convirtámonos para que en el momento final de nuestra vida, podamos ser reconocidos como uno de los Suyos.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los niños necesitan del amor de un padre y de una madre




Durante el rezo del Ángelus, Benedicto XVI recordó que ayer se celebró la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, a la cual definió como “un modelo de vida para todas las familias, ya que Jesús ha querido nacer en una y así la ha bendecido y consagrado”.

El Pontífice pidió, además, una oración especial por todas las familias para que “no se desanimen ante las pruebas y las dificultades con las que se enfrentan”.

“Los niños necesitan del amor de un padre y de una madre, que es lo que les da seguridad y les permite descubrir el sentido de la vida”, subrayó.

Tras asegurar que “por esto, es muy importante que todos los niños que vienen al mundo sean acogidos en el calor de una familia”, aclaró que “no importan las comodidades exteriores. Jesús nació en un establo y como cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amado”.

jueves, 14 de octubre de 2010

El peligro del hastio: un yugo imposible de cargar solo




Vivimos una sociedad que nos agota, en una cultura agobiante, con una escala de valores impuesta a la fuerza y aceptada por la inmensa mayoría...

la consecuencia normal es que nuestro ser está agobiado.


Ante un panorama con tanta injusticia social donde los humildes son vistos como un número de votos a comprar con planes de gobierno para las próximas elecciones. Los jóvenes son considerados como una manada de consumistas que generan por las modas y gustos millones de utilidades. Los trabajadores transformados en generadores de dinero fácil para el gobierno de turno que a través de los impuestos engordan día a día, no las arcas del estado, sino los bolsillos de unos pocos dirigentes inescrupulosos que se aprovechan de los indigentes, de los ignorantes y de los pobres sin el menor cuestionamiento moral.


Ante un panorama moral en franca decadencia donde se promulgan leyes contrarias a la familia, a la ley natural, donde se privilegia el instinto y no la razón. Ante oportunidades engañosas que se te ofrecen donde todo vale, donde puedes dar rienda suelta a tus pasiones, donde miles y miles de jóvenes son inducidos diariamente a una sexualidad animalizada e irresponsable y a evadirse de una cruelísima realidad quemándose el cerebro con drogas. Donde se promueven leyes abiertamente contrarias al derecho a la vida y a la dignidad del hombre.


Ante la carencia de oportunidades reales de una vida mejor, de trabajo, de estudio, de sentirse respetado, digno y amado de millones de personas de todos los estratos sociales.
Ante miles de niños tirados a su suerte en las calles, de miles de ancianos encerrados en geriátricos no por estar enfermos sino por ser improductivos. Ante miles de jóvenes librados a su suerte ante la violencia, el alcohol, los estupefacientes y el libertinaje cada fin de semana; porque los padres brillan por su ausencia.
Ante una comunicación y un diálogo cortado entre el gobierno y los opositores, los adultos y los jóvenes, los padres y los hijos. Ante un individualismo egoista que te deja definitivamente solo es normal que te sientas agobiado.


Que hacer ante esta situación desesperante?


Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, dice el Señor.


Jesús conoce profundamente al hombre y sabe de tentaciones, de dolores, de limitaciones, de situaciones injustas, de opresiones. Jesús es Dios pero también es hombre. Y nos conoce más intimamente que nosotros mismos.


Sabe que la sed que tenemos no es de cosas. Sabe que nada que puedas tener te calmará tu sed más profunda. Ni todo el dinero, ni todo el poder, ni todos los placeres, ni nada que exista en esta tierra podrá clamar la sed del hombre.


Porque la sed del hombre es sed de trascendencia y esa sed solo se sacia en Dios.


Sin un sentido profundo y trascendente de la vida solo queda el cansancio y el agobio. Cristo Jesús nos desafia con una paradoja. ¿A quien se le ocurre a alguien cansado ofrecerle un yugo? (por si no sabes que es un yugo, es la madera pesadisima que se le pone al ganado de tiro. Caballos y bueyes tiran los carros atados a un yugo).


Como habras descubierto los yugos mundanos son pesados...


La obligación de tener cada vez más cosas. La invitación que te hace el mundo a querer para vos todo lo que ves. La tentación permanente de querer tener más que los demás, de parecer más importante, más atractivo, más inteligente... En fin de aparentar y no de ser mejor persona. Ese es el yugo más pesado que existe.


Jesús te invita a sacarte ese yugo insoportable y en su lugar poner uno muchisimo más liviano, el yugo de Cristo es el yugo del amor, del compromiso, de la caridad, de la esperanza. Es un yugo que libera no que oprime.
Parte de la paradoja es que mientras más yugos seas capaz de ayudar a llevar a los demás, menos pesará el tuyo. No tiene lógica humana, porque la solidaridad es parte de la lógica divina.
El yugo que ofrece Jesús es un yugo liviano, porque es el mismo Cristo quien toma tu yugo y en forma de cruz se lo carga a cuestas El, para que a vos te sea muchisimo más liviano.

viernes, 13 de agosto de 2010

El hijo predilecto del padre




Había una vez un padre anciano que tenia varios hijos. El los amaba con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con todo su espíritu, pero no en todos los casos era correspondido de igual forma.

Uno de ellos, el más serio, venía religiosamente todos los domingos a la cena modestísima que el padre ofrecía para sus hijos. Siempre era correcto, prolijo y puntual cuando se presentaba a la casa del padre. Pero sus visitas eran más una cuestión de cortesía y buena educación que un momento de intimidad y de llegada profunda al corazón del anciano. En la semana sólo le hacia dos breves llamadas por día una en la mañana y la otra al acostarse. A los ojos del mundo era un buen hijo, pero en lo más hondo del corazón del viejo había pena porque sabía que a pesar de las apariencias su hijo no estaba cercano a él.

El otro, apenas entrado en la juventud y por no estar de acuerdo con los valores que el padre le inculcaba, había abandonado el hogar paterno. A él nadie le iba a decir lo que tenía que hacer, el había decidido seguir sus sentimientos y su criterio, total para eso era un hombre libre. Ningún viejo le iba a decir como vivir su vida. De este poco se sabía, pero en el barrio había comentarios de que no era feliz, que había tenido problemas de adicción y que jamás pudo consolidar una familia y llevaba varios intentos fallidos de ser feliz. El padre, hasta el cansancio, lo había buscado, pero nunca le devolvía las llamadas ni le abría la puerta cuando lo iba a visitar, porque la miseria en la que vivía le daba vergüenza y su orgullo más fuerte en el. Este hijo entristecía los días del padre, pero no perdía las esperanzas y todos los días intentaba reconciliarse con él.

El último… este si que era un caso especial. Desobediente, cuestionador, por momentos era un amor y al rato daban ganas de …. Estaba muy lejos de ser un hijo ideal. Si hasta a veces no venía ni a celebrar los cumpleaños del viejo. A veces pasaban días sin que le llamara al padre para saber como estaba. Eso si, nunca hubo domingo que no estuviera compartiendo la mesa con su anciano padre y el resto de la familia. Era una máquina de hacer macanas al viejo y casi siempre las mismas, pero no tenía ningún problema de pedirle perdón sincero a su padre, el cual una y otra vez lo perdonaba de corazón. Porque cada vez que el padre estaba enfermo él estaba a su lado cuidándolo. Cada vez que se enteraba que estaba solo lo venía a ver, cada vez que al viejo le faltó algo él estuvo a su lado ayudando… y sobre todo cada vez que uno de sus hermanos tenía algún problema podía contar con él.

Como debes suponer el padre amaba mucho a este hijo porque sabía que a pesar de sus errores en el fondo era el que tenía el corazón más grande, porque era el que más amor le daba a él y a sus otros hijos. Era su hijo predilecto.

lunes, 26 de julio de 2010

La homosexualidad es un defecto




El prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos S.E.R. Jorge Cardenal Medina, señaló este domingo en una parroquia en Viña del Mar que «científicamente no está aclarado de dónde proviene este hecho ingrato de la homosexualidad. La Iglesia distingue la tendencia homosexual y la práctica homosexualidad. Si una persona tiene una tendencia homosexual es un defecto como si le faltara un ojo, una mano, un pie o que sé yo. Pero cuando ya estamos en la práctica en la vida sexual entre personas del mismo sexo, eso ya no es aceptable».

«Yo, en mi vida de sacerdote, he atendido a muchas personas con este problema. Y he conocido algunos que se han corregido, por ejemplo personas que son alcohólicos por medio de una disciplina,educación o re-educación se corrigen. Y he conocido alguno también que teniendo esta tendencia nunca en su vida ha cedido a este tendencia, lo que costó un esfuerzo muy grande porque su naturaleza lo impulsaba a otra cosa».

«Matrimonio» gay
Por último, y en relación al
«matrimonio» entre personas del mismo sexo, recientemente sancionado en la vecina Argentina, apuntó que ello «es algo contrario a le ley de Dios y ninguna ley humana puede ir contra la ley de Dios. Si una ley humana va contra la ley de Dios esa ley humana no existe, es un atropello,una cosa que no va tampoco con el bien de la sociedad. Espero que acá en Chile no vaya a pasar una cosa semejante. Si acá en Chile se propusiera, los obispos vamos a levantar la voz duro y fuerte».

miércoles, 21 de julio de 2010

Diferencias entre legal y legitimo




Es necesario en estos tiempos en que nos toca vivir poder hacer algunas aclaraciones que a la hora de decidir nos pueden ser muy útiles.

¿Qué significa que una acción sea legal?

Según la Real Academia Española de la Lengua

legal.

(Del lat. legālis).

1. adj. Prescrito por ley y conforme a ella.

2. adj. Perteneciente o relativo a la ley o al derecho.

3. adj. Verídico, puntual, fiel y recto en el cumplimiento de las funciones de su cargo.

4. adj. coloq. Esp. Leal o formal en su comportamiento



Es decir es todo aquello reglamentado por la ley.

¿Qué significa que una acción sea legítima?

legítimo, ma.

(Del lat. legitĭmus).

1. adj. Conforme a las leyes.

2. adj. lícito (justo).

3. adj. Cierto, genuino y verdadero en cualquier línea.

4. f. Der. Porción de la herencia de que el testador no puede disponer libremente, por asignarla la ley a determinados herederos.


Nos vamos a quedar con la segunda acepción de la palabra, algo que sea justo.

Para nosotros. los católicos, la fuente de toda razón y justicia es Dios, por lo tanto algo que vaya contra la ley natural que viene de Dios, es algo injusto e inmoral. Por consiguiente es algo ilegítimo.


O sea ¿algo que es legal puede ser ilegitimo?

Por supuesto que sí, hay leyes que son legales por ser leyes pero no son legitimas porque son inmorales, paso a citar ejemplos:

- es legal el casamiento gay (no matrimonio pues no hay matriz que ejerza su derecho natural de ser madre cuando hay dos machos o hembras en unión, pues no es posible la fecundación), pero no es legitimo, aunque te lo vendan en los medios como "normal".

- es legal en países como Cuba, China, Venezuela y USA torturar personas para proteger la seguridad nacional, pero no es legítimo porque viola claramente los derechos de las personas.

- es legal el consumo de drogas, pero no es legítimo, pues atenta contra el ser humano.

- es legal el aborto, pero no es legítimo pues le estas quitando la vida a un inocente, para supuestamente proteger a otro inocente. No resiste análisis lógico, pretender hacer el bien a alguien quitándole la vida a su hijo, nos agrade o no como haya sido concebido es un ser humano.

- será legal la eutanasia para aquellos que están enfermos y nada producen, en esta sociedad materialista se te mide por lo que generas o gastas no por lo que eres... pero jamás será legítimo.

Las leyes en occidente y en particular en Argentina se han transformado en un verdadero circo y son usadas para que las minorías inmorales (pero con inmenso poder económico y mediático) destrocen todo lo sagrado y valioso que quedaba (la iglesia, la familia, el hombre)

Como ves hay decenas de ejemplos de que lo legal puede no ser legítimo.

¿Y que hacer como católico?

Lo que te dicta la moral o sea lo legítimo. Miles de cristianos fueron muertos en los siglos I al III por no querer adorar al Cesar Romano, pues tenían un solo Dios: Jesús. Lo legal decía adora a este tipo, lo legitimo dice adora solo a Dios.

Por eso Cristo decía a Dios lo que es de Dios (lo moral, lo legítimo, lo verdadero) y al Cesar lo que es del Cesar (las leyes, las conveniencias, los pactos entre gallos y medianoche).

Estamos en tiempos difíciles donde tendrás que elegir si ser un ciudadano correcto políticamente y que avala todo lo legal que promueve un gobierno sin moral cristiana y lleno de resentimiento y odios anacrónicos. O bien optar por ser un cristiano legítimo y moral aunque te cueste caro, incluso arriesgando tu propia vida.

La decisión es tuya, nadie puede decidir por ti.

Que el Espíritu Santo te ayude a hacer lo correcto.